Tipos de obesidad y su tratamiento

El perímetro de la cintura es un indicador complementario al IMC para evaluar los tipos de obesidad

El Índice de Masa Corporal clasifica la obesidad en tipo I, II, mórbida y extrema; mientras que el perímetro de la cintura permite identificar la obesidad visceral

La obesidad es una de las enfermedades que más crecen en los últimos años en todo el mundo. Esta enfermedad comienza mucho antes de llegar a un peso extremo y es importante conocer y reconocer los tipos de obesidad para abordarla antes de que se convierta en un problema grave de salud.

En España, el 18,7% de la población adulta y el 10,7% de los niños tienen obesidad, según el estudio ENE-COVID de 2020 de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Más preocupante aún es que más de la mitad de la población tiene sobrepeso, por lo que puede evolucionar en obesidad si no cambian de hábitos.

En este artículo, exploramos los cuatro tipos de obesidad que existen, cómo se miden y cómo se puede tratar cada grado de obesidad para evitar que el exceso de grasa corporal afecte negativamente a tu salud.

Tipos de obesidad y cómo se mide

La forma más extendida para clasificar los tipos de obesidad se basa en la medición del Índice de Masa Corporal (IMC). El IMC refleja la relación entre la estatura y el peso y es un método sencillo e intuitivo como primera aproximación al control de la obesidad.

El IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre la estatura en metros al cuadrado (kg/m2). Según el resultado obtenido, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) contempla los siguientes tipos de obesidad:

  • 18,5 – Peso insuficiente
  • 18,5-24,9 – Normopeso
  • 25-26,9 – Sobrepeso grado I
  • 27-29,9 – Sobrepeso grado II (preobesidad)
  • 30-34,9 – Obesidad de tipo I
  • 35-39,9 – Obesidad de tipo II
  • 40-49,9 – Obesidad de tipo III (mórbida)
  • ≥50 – Obesidad de tipo IV (extrema o superobesidad)

El IMC tiene limitaciones, puede sobreestimar o infraestimar la obesidad a nivel individual, ya que no mide la cantidad de grasa corporal ni refleja su distribución; tampoco distingue entre masa magra y masa grasa. La masa magra es la que forma parte de nuestra constitución: los órganos, músculos y huesos.

«Hay evidencia de que personas dentro del rango de normopeso o sobrepeso por IMC, en realidad tienen un exceso de grasa en el rango de obesidad», remarca la doctora Rita García Martínez, especialista en Medicina Interna del Hospital San Rafael de A Coruña.

La medición del perímetro de la cintura (PC) ayuda a estimar la obesidad visceral, la acumulación de grasa en la zona del abdomen, rodeando a los órganos internos. Es la más peligrosa para la salud. «De hecho, múltiples estudios poblacionales han demostrado que, dentro de una misma categoría de IMC, cuanto mayor es el PC, mayor es el riesgo para la salud», añade la doctora García Martínez.

El PC se mide con una cinta métrica flexible alrededor de la cintura, por debajo de la ropa, justo por encima de la cresta ilíaca, el hueso protuberante de la cadera. Se considera obesidad abdominal si el PC es mayor de 102 centímetros en hombres y 88 centímetros en mujeres.

Atendiendo a la cantidad de grasa del organismo, se considera obesidad cuando el porcentaje de grasa corporal excede el 25% en los hombres y el 33% en las mujeres. Existen diversas tecnologías para medir la grasa corporal:

  • Bioimpedancia eléctrica: Una báscula equipada con electrodos de baja intensidad que miden el agua corporal total y extrapolan la composición corporal y el porcentaje de grasa.
  • Densiometría de rayos X de doble fotón: Permite determinar la distribución de la grasa en distintas partes del cuerpo. Es la misma técnica que se utiliza para evaluar la osteoporosis.
  • Tomografía axial computarizada y Resonancia Magnética Nuclear: Dos técnicas muy efectivas para estimar la grasa visceral, en la parte profunda del abdomen, bajo la piel y en el hígado. Son tecnologías complejas y de alto coste que no suelen utilizarse en el diagnóstico, sino en estudios de investigación.

Efectos de los diferentes tipos de obesidad en tu salud

Hemos definido los tipos de obesidad según el IMC como kg/m2: obesidad de tipo I, de tipo II, mórbida y superobesidad. Más que asociar enfermedades específicas a los diferentes tipos de obesidad, lo que ocurre es que el exceso de grasa va generando dificultades en el funcionamiento normal de los órganos y sistemas, y estas se vuelven más graves a medida que crece el porcentaje de grasa corporal.

Los datos de la SEEDO indican que cada 5 kilos de peso extra por metro cuadrado en el IMC, supone un aumento significativo del riesgo de mortalidad por diabetes de tipo 2, enfermedad renal crónica, cardiopatía isquémica, accidente cerebrovascular, enfermedad respiratoria o cáncer.

Los riesgos más conocidos del exceso de grasa corporal son la hipertensión, el colesterol y la diabetes. Pero cada vez más, la obesidad se asocia a diversos tipos de cáncer (colon y recto, mama, endometrio, riñón, esófago y páncreas), apnea del sueño, hígado graso y osteoartritis.

El tratamiento de los distintos tipos de obesidad debe ir acompañado de apoyo psicológico, terapia física e educación nutricional

El impacto psicológico de la obesidad, especialmente en cuadros de ansiedad y depresión, también es un aspecto importante de esta enfermedad, sobre todo en una cultura donde la delgadez sigue siendo objeto de culto.

La obesidad tiene consecuencias a muchos niveles, como explica la doctora Rita García: «La obesidad, más allá de la estética y de la autopercepción, está asociada a múltiples problemas médicos y dificultades en diversos ámbitos, como en la esfera laboral, de fertilidad, en la autonomía, en la relación de pareja, las relaciones sexuales y en las relaciones sociales».

Tratamientos recomendados por tipos de obesidad

Existen numerosos métodos para tratar los distintos tipos de obesidad, pero todo tratamiento debe comenzar con «una valoración endocrinológica y psicológica del paciente», explica el doctor Domínguez.

La evaluación inicial nutricional es tan importante como la terapia psicológica en el tratamiento de la obesidad. A partir de ahí, se inicia un proceso «escalonado, donde un segundo paso puede ser el tratamiento farmacológico con GLP-1 o agonistas duales, y lo siguiente sería recurrir a procedimientos endoscópicos y quirúrgicos», añade la especialista.

Por lo tanto, un tratamiento efectivo requiere una combinación personalizada de dieta, ejercicio, apoyo psicológico y, en función de la evolución y necesidades del paciente, medicación o intervención quirúrgica, siempre como apoyo al cambio de hábitos hacia un estilo de vida saludable.

A grandes rasgos, y únicamente de forma orientativa, podemos resumir las opciones de tratamiento por tipos de obesidad de esta manera:

  • Preobesidad (IMC >27): Cambios en el estilo de vida, con apoyo psicológico y de un nutricionista. Se puede considerar la prescripción de fármacos para ayudar a la pérdida de peso. Para pacientes con complicaciones como diabetes o hipertensión, se pueden recomendar la inserción endoscópica de un balón intragástrico.
  • Obesidad tipo I (IMC 30-35): Los fármacos para la obesidad suelen ser un recurso habitual en esta etapa. Si los cambios en la dieta y el ejercicio no están funcionando, se pueden aconsejar procedimientos endoscópicos, como balón intragástrico o endomanga. En algunos casos, se puede indicar cirugía bariátrica preventiva ya en esta fase.
  • Obesidad tipo II (IMC 35-40): Los pacientes con una o dos comorbilidades, como diabetes, colesterol o apnea obstructiva del sueño, son candidatos a intervenciones de cirugía bariátrica para el tratamiento de la obesidad.
  • Obesidad mórbida (IMC 40-50): Aquí la cirugía ya es la opción prioritaria para ayudar al paciente a recuperar un peso saludable, siempre precedida de los pasos anteriores (cambio de dieta, ejercicio, apoyo psicológico, posible tratamiento farmacológico) para facilitar la cirugía y garantizar que no se recupera el peso más adelante.
  • Superobesidad (IMC >50): Los avances en cirugía robótica permiten ahora operar a pacientes superobesos que antes no podían ser intervenidos de forma segura.

Los tipos de obesidad según el IMC son una escala orientativa, pero la decisión sobre el tratamiento más adecuado para cada paciente se realiza con un equipo multidisciplinar de profesionales médicos que evalúa no solo el historial médico del paciente, sino también su estilo de vida y estado psicológico.

En los tipos de obesidad más avanzados, la cirugía es una ayuda fundamental, pero no efectiva por sí sola, como apunta la doctora García Martínez: «La obesidad tiene un origen multifactorial, con componente genético, metabólico basal que genera un desequilibrio energético y que el paciente no puede controlar; pero la cirugía bariátrica no funciona si no va acompañada de un cambio vital a nivel nutricional y, sobre todo, deportivo».

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