Ana González López

En nuestra Unidad multidisciplinar de tratamiento de la obesidad muchos pacientes precisan de una terapia psicológica para tratar los factores psicológicos asociados a la obesidad (ansiedad, autoestima…) y facilita una mayor adhesión al tratamiento y un cambio de actitud en los hábitos de alimentación. Nuestro equipo de psicología clínica posee una amplia experiencia en el tratamiento de los trastornos alimentarios.
La obesidad es una afección médica crónica resultante de la interacción de factores genéticos, metabólicos, conductuales y culturales. El sobrepeso se caracteriza por una acumulación patológica del tejido adiposo, resultado de un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético, cuando el índice de masa corporal (IMC) es igual o superior a 40 Kg/m2 se califica como obesidad mórbida y supone un riesgo importante para la salud y la calidad de vida de las personas.
La Organización Mundial de la Salud considera que la obesidad se ha convertido en una patología crónica con características epidémicas y constituye de hecho, la segunda causa, después del tabaquismo, de muerte evitable en todo el mundo (Ogden et al., 2007).
El exceso de peso aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades y problemas de salud graves, como diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad renal, enfermedades cardiovasculares, infertilidad, problemas de sueño, osteoartritis y algunos tipos de cáncer hormonodependientes, entre otras comorbilidades.
El sobrepeso y la obesidad pueden producir una serie de cambios psicoafectivos que ocasionan dificultades en el ámbito emocional y social que se traducen en un empeoramiento en la vida del paciente.
El tratamiento de la obesidad para conseguir una pérdida de peso que mejore la salud de los pacientes, es y seguirá siendo, uno de los grandes retos de los profesionales de la salud, ya que la tasa de prevalencia se encuentra en continuo aumento.
La obesidad es un trastorno complejo en el que intervienen múltiples variables por lo que se hace necesaria una intervención multidisciplinar que aborde el problema de manera integral desde el trabajo en prevención al diagnóstico y tratamiento.
La obesidad es un problema de salud que no solo se relaciona con riesgos físicos, sino que también se encuentra asociado a una gran variedad de síntomas psicológicos debido a que este componente está implicado en la etiología y mantenimiento de gran parte de los casos de obesidad.
El interés de la salud mental por esta enfermedad no comienza hasta la segunda mitad del siglo XX, ya que anteriormente el sobrepeso se concebía como una condición física que no representaba un problema, más bien lo contrario, se consideraba una manifestación de salud, bienestar o riqueza.
La aproximación psicológica a la obesidad se ha desarrollado a lo largo de varias décadas y ha evolucionado dando respuesta a la complejidad de los factores que contribuyen a la obesidad.
En 1950, la obesidad se consideraba principalmente como un problema de falta de autodisciplina y de conducta alimentaria inadecuada. La psicología se centraba en la terapia conductual para tratar la obesidad, que se basaba en el control de estímulos, el refuerzo positivo y la restricción calórica.
En la década de los 60, se comenzó a reconocer que la obesidad no era simplemente una cuestión de falta de control, sino que también tenía una base biológica y genética. En este contexto, la psicología comenzó a centrarse en la relación entre los factores emocionales y psicológicos y la obesidad. Se desarrollaron nuevas teorías, como la teoría de la alimentación emocional, que sugerían que las emociones podrían desempeñar un papel importante en el consumo excesivo de alimentos. Al mismo tiempo, ante las limitaciones de los resultados obtenidos en casos de obesidad grave con los tratamientos existentes, se empiezan a realizar los primeros procedimientos quirúrgicos.
Comenzando 1970, la psicología se centró en la comprensión de los factores psicosociales que contribuyen al sobrepeso como el estrés, la depresión, la baja autoestima y los problemas de imagen corporal. También se comenzó a explorar el papel de la familia y la cultura en la obesidad.
En las últimas décadas, la psicología ha seguido evolucionando en su enfoque, reconociendo cada vez más la complejidad del problema y la necesidad de abordarlo desde múltiples perspectivas, aportando técnicas para modificar los patrones de pensamiento y las emociones relacionadas con la alimentación y el peso. Se han desarrollado nuevas terapias y también se ha explorado el papel de la genética, el microbioma y otros factores biológicos en la obesidad. La intervención psicológica ha pasado de una perspectiva centrada únicamente en lo conductual, hasta una orientación que reconoce la interacción de factores biológicos, psicológicos y socioculturales, planteando un abordaje integral e interdisciplinar.
En la actualidad se han desarrollado técnicas quirúrgicas ejecutadas por equipos especializados que han conseguido que la cirugía bariátrica sea la técnica de elección para conseguir resultados óptimos. La intervención y el seguimiento del paciente se articula desde un equipo multidisciplinar que supervisa todas las fases del tratamiento.
La intervención del psicólogo clínico debe empezar en la fase prequirúrgica con la evaluación del candidato y la psicoeducación para iniciar los cambios en los hábitos, la dieta, el autocuidado, etc.; como base para abordar de manera exitosa tanto la fase de intervención quirúrgica como el seguimiento de los pacientes.
El interés por la salud mental en la obesidad ha crecido en los últimos años debido a la creciente comprensión de que los problemas de salud mental pueden contribuir significativamente a la obesidad y que la obesidad puede a su vez afectar la salud mental.
La literatura científica ha documentado una alta prevalencia de trastornos psiquiátricos tanto en la obesidad de tipo I como en obesidad mórbida y severa, en la que un 40% a 47% de los pacientes sufriría al menos de manera concomitante algún trastorno mental de diversa gravedad en el eje I del DSM-IV (Heo, Pietrobelli, Fontaine, Sirey, & Faith, 2006) y (Scott, McGee, Wells, & Oakley Browne, 2008).
Los estudios consultados informan de un importante deterioro psicosocial en personas obesas incluyendo estigmatización por su peso y reportan una calidad de vida menor en comparación con individuos sin grave sobrepeso (Kushner & Foster, 2000) y (Kolotkin, Meter, & Williams, 2001).
Por otro lado, las personas que padecen obesidad frecuentemente son víctimas de estigmatización, desarrollándose trastornos adaptativos y como consecuencia de ello aislamiento social, estado de ánimo deprimido y baja autoestima (Werrij et al., 2009).
La depresión es una comorbilidad muy frecuente en pacientes obesos, en algunos casos se trata de un trastorno psiquiátrico primario que actúa como precipitante o mantenedor del exceso de peso patológico. Interfiere en la percepción de la imagen corporal, en las expectativas y objetivos del tratamiento, los sentimientos de fracaso, incapacidad o impotencia limitan los resultados de la intervención.
Las publicaciones científicas señalan como frecuentes los trastornos del estado de ánimo, los cuadros de tipo afectivo, el trastorno depresivo mayor el, trastorno de ansiedad, y el trastorno por estrés post traumático (Scott y otros, 2008; Barry et al., 2008; Pickering et al., 2009).
Se observa un deterioro en la calidad de vida del sujeto, aumento de prevalencia de tabaquismo, alcoholismo, depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria, así como una mayor mortalidad (Avilés et al., 2010).
En el caso del trastorno bipolar está bien documentado que hasta 68% de los pacientes a tratamiento presentan sobrepeso u obesidad (McElroy, y otros, 2004) señalando que su presencia se asocia con una peor evolución (Wildes, Marcus, & Fagiolini, 2006). Entre las variables que pueden interactuar e influir en la aparición y mantenimiento de la obesidad en el trastorno bipolar se incluirían factores genéticos, alteraciones de neurotransmisores, la edad, el género, el nivel socioeconómico, la inactividad física, las conductas alimentarias y con especial relevancia la presencia de depresión atípica y los efectos secundarios de la farmacoterapia indicada.
La terapia psicológica de la obesidad cuenta con una trayectoria histórica que ha permitido detectar las áreas sobre las que intervenir, y dispone de estudios sobre la eficacia de las técnicas a implementar, valorando las necesidades de cada caso.
La revisión de las investigaciones llevadas a cabo sobre las intervenciones psicológicas en obesidad son coincidentes en valorarla como eficaz tanto para reducir el peso y otras variables antropométricas, como el IMC, la masa grasa o la relación cadera-cintura (Miri et al., 2019), sino que también mejora aspectos de índole psicológica, como una mayor autoeficacia (Baños et al., 2019) o el bienestar psicológico (Roth et al., 2011), psicosociales, así como aquellos vinculados directamente con la salud, como la percepción de la calidad de vida (Weinreich et al., 2017) como para conseguir mantener los resultados, Berk et al. (2018) y Cooper et al. (2010).
Varios estudios han analizado el papel de la intervención psicológica dentro de un tratamiento multidisciplinar para tratar la obesidad y parece unánime el acuerdo respecto de los beneficios que conlleva dicha intervención en comparación con los tratamientos que no la incluyen, no sólo en relación a la mayor pérdida de peso (McLean et al., 2016), sino también con otros aspectos, mejorando la calidad de vida de los pacientes (Freitas et al., 2007).
La evaluación de los perfiles psicopatológicos y la detección de alteraciones psicopatológicas es fundamental, se han encontrado evidencias de importantes dificultades postoperatorias, en personas con alteraciones psicopatológicas preexistentes a la cirugía (Pull, 2010) y, en ese sentido, se debe dar cuenta de las características psicológicas previas al proceso quirúrgico, de tal manera que se puedan reducir las complicaciones emocionales y sanitarias posteriores a la cirugía. En un reciente estudio de Hjelmesæth, Rosenvinge, Gade y Oddgeir (2018), se pudo demostrar que las personas candidatas a Cirugía Bariátrica, con síntomas depresivos, luego de aplicar terapia cognitivo-conductual, demostraron una disminución del peso, antes y cuatro años después de la intervención quirúrgica.
En cuanto al mantenimiento de la pérdida de peso, las investigaciones señalan que la intervención psicológica es una terapia eficaz para mantener los resultados (Madjd et al., 2019). Si valoramos los resultados según la modalidad de tratamiento, estudios recientes muestran que las intervenciones de tipo grupal no ofrecen mejores resultados que la terapia individual sola (Berk et al., 2018).
Por otro lado, parece que el empleo de las nuevas tecnologías podría mejorar la eficacia de la terapia (Baños et al., 2019), por lo que es interesante introducir TICs (Internet, dispositivos móviles, sensores, realidad virtual, etc.) tanto en la investigación, como en la facilidad para acceder a intervenciones psicológicas mejorando su eficacia y consiguiendo intervenciones individualizadas.
La falta de inclusión de estrategias específicas para la prevención de recaídas en los programas de tratamiento o perseguir un objetivo de peso excesivamente exigente, podrían subyacer a la recuperación del peso o la alta tasas de recaídas.
Los profesionales de la psicología disponemos de herramientas claramente validadas para ayudar a las personas con obesidad a identificar y cambiar los patrones de pensamiento, las percepciones y los comportamientos relacionados con la alimentación y el peso. El trabajo emocional y la psicoeducación sobre la nutrición y los hábitos de vida saludable, el abordaje de las dificultades que van a surgir durante el proceso, el seguimiento para conseguir la adaptación psicoemocional al tratamiento y el manejo para evitar recaídas y mejoran los resultados y la salud física y mental en personas a tratamiento.
El tratamiento psicológico debe establecer un procedimiento que valore al paciente, analizando de manera integral aspectos emocionales y conductuales, planificando la intervención durante las distintas etapas del tratamiento con flexibilidad y adaptabilidad a cada caso. La obesidad es un trastorno complejo en el que intervienen múltiples variables genéticas, biológicas, psicológicas, comportamentales y sociales, por lo que es preciso evaluar qué variables inciden en cada paciente y cuáles tienen mayor relevancia en el mantenimiento del mismo. Para ello se establece un protocolo con los instrumentos de evaluación adecuados y las técnicas de intervención tanto en la fase de evaluación y psicodiagnóstico, como en la de intervención y seguimiento.
La entrevista realizada por el psicólogo clínico tiene como objetivo a través de las primeras sesiones, la evaluación y preparación del candidato para la cirugía bariátrica. Para planificar de manera adecuada y personalizada el tratamiento es preciso evaluar las variables que inciden en su problema y cuáles tienen mayor relevancia en el mantenimiento del mismo.
Valoraremos el motivo de asistencia a la consulta, las historias previas de pérdida de peso, la motivación al cambio, las expectativas presentes en relación a la cirugía, los antecedentes y los aspectos asociados al problema, así como sus hábitos de alimentación.
Orientaremos las entrevistas para motivar el cambio, para ayudar a distinguir y afrontar las situaciones desencadenantes de la obesidad, comenzaremos a intervenir sobre la autopercepción y daremos la orientación psicoemocional necesaria para mejorar la calidad de vida previa y posterior a la intervención (Álvarez, 2014).
Ajustaremos de manera realista las expectativas del paciente sobre los resultados de la cirugía, explorando el grado de comprensión de la información aportada por el equipo multidisciplinar. Es importante incidir en que la evaluación continua del proceso nos permitirá introducir los cambios que pueden ser necesarios para el éxito de la intervención.
La entrevista clínica es una herramienta importante para obtener información sobre la historia médica y psicológica del paciente, así como sus motivaciones para el tratamiento, la intervención que cirugía y su capacidad para realizar cambios en el estilo de vida después de la cirugía.
En la fase de evaluación y motivación debemos tener en cuenta:
La terapia psicológica en el tratamiento de la obesidad debe ayudar a afrontar las dificultades y lograr cambios en el comportamiento del individuo facilitando la motivación, la adherencia al tratamiento y el bienestar psicológico (Roth et al., 2011), además de mejorar la percepción sobre la calidad de vida (Weinreich et al., 2017).
Una vez evaluado el caso debemos definir los objetivos, elegir las técnicas a emplear y promover la motivación para el cambio. En función de las variables cognitivas y sociales relacionadas con los hábitos y conductas que inciden o condicionan el mantenimiento del problema del paciente, se llevará a cabo una planificación del tratamiento para que de manera individualizada, progresiva, y estructurada intervengamos durante el tratamiento manejando técnicas cognitivo-conductuales y educacionales que ayuden al paciente en la mejora física, emocional y social.
En cuanto a la frecuencia de las consultas de psicología clínica, el tratamiento debe comenzar con visitas quincenales durante los primeros 3 meses, un seguimiento mensual durante los seis siguientes, ajustando posteriormente la frecuencia de las consultas de seguimiento a las características y necesidades del paciente.
Entre la técnicas que han demostrado su eficacia y contamos con referencias en la literatura científica podemos enumerar las siguientes:
La intervención del psicólogo clínico como parte del equipo multidisciplinar que programa un tratamiento eficaz para los problemas de obesidad, contribuye a la consecución de resultados y al mantenimiento de los cambios en la pérdida de peso. El sobrepeso en muchos casos es mantenido por una descompensación de hábitos y dificultades en el ámbito emocional, y es la psicología la disciplina que dispone de herramientas terapéuticas y aplica técnicas que pueden permitir a los pacientes iniciar nuevas conductas y aprender estrategias para eliminar o modificar la frecuencia de aquellas que mantiene el problema.
Al mismo tiempo resulta imprescindible trabajar la gestión emocional y facilitar que los pacientes afronten sus dificultades con el exceso de peso de una manera integral, profundizando en las causas y/o las consecuencias implicadas en el mantenimiento del problema, implementando cambios para conseguir un estilo de vida saludable y una calidad de vida que genere bienestar.
El paciente consigue cambios a nivel emocional que posibilitan mejorar su autoestima, aceptarse, aliviar el malestar psicológico y resolver el conflicto emocional que en muchos casos originaba, mantenía o complicaba el problema Los estudios consultados concluyen en valorar la eficacia de las intervenciones psicológicas, tanto para reducir el peso como para conseguir mejorar la vida emocional del paciente y así mantener los resultados.
El paciente debe encontrar en la intervención del profesional de la psicología clínica un espacio de encuentro, comprensión, atención y soporte que le faciliten el camino a mejorar su vida.