Los medicamentos para la obesidad con proteínas sintéticas reducen hasta el 21% del peso corporal, pero los resultados no son permanentes
Los nuevos medicamentos para la obesidad están revolucionando el tratamiento de los pacientes con todo tipo de sobrepeso.
Inicialmente diseñados para tratar la diabetes, sus efectos inigualables para perder peso y regular el metabolismo han hecho que las principales agencias de control de medicamentos aprueben su uso contra la obesidad.
En España, su popularidad se está extendiendo a la velocidad de la pólvora. En 5 años, las ventas de medicamentos para la obesidad se han multiplicado por 25. Sin embargo, sus efectos a largo plazo todavía no están claros.
En este artículo, vemos en detalle cómo funcionan los nuevos medicamentos para la obesidad, cómo están cambiando la forma en que médicos y pacientes combaten el sobrepeso, y qué efectos negativos pueden causar estos fármacos.
¿Qué son y cómo funcionan los nuevos medicamentos para la obesidad?
Los nuevos medicamentos para la obesidad imitan a las hormonas del cuerpo humano que actúan controlando la sensación de apetito y de saciedad. Su beneficio más importante, sin embargo, es que regulan el metabolismo, reduciendo el almacenamiento de grasa y aumentando el gasto energético.
Hay tres tipos de medicamentos para la obesidad aprobados para su uso en España con estas características: liraglutida (Saxenda), semaglutida (Ozempic, Wegoby, Rybelsus) y tirzepatida (Mounjaro). Todos ellos se administran con inyecciones subcutáneas (excepto Rybelsus), el primero en dosis diarias, los otros dos en dosis semanales.
La liraglutida y la semaglutida son, técnicamente, agonistas del receptor del GLP-1, mientras que la tirzepatida es un agonista dual del GLP-1 y GIP. Son moléculas que imitan el funcionamiento de ciertos péptidos, unas hormonas que el sistema digestivo segrega al comer para regular cómo responde el organismo a la ingesta.
El objetivo inicial de estos fármacos era controlar la diabetes, por lo que el foco de la medicación era incidir sobre los receptores que controlan la liberación de insulina y los niveles de glucosa en sangre.
Sin embargo, estas moléculas sintéticas logran objetivos adicionales: enlentecen el tránsito digestivo y aumentan la sensación de plenitud en los centros nerviosos del cerebro. De esta forma, estamos saciados más tiempo y tardamos más en sentir hambre, lo que hace que comamos menos cantidad y con menos frecuencia, favoreciendo la pérdida de peso.
Una rápida pérdida de peso…
La acción de los medicamentos para la obesidad sobre el sistema nervioso central y el sistema digestivo permite unas cifras de pérdida de peso a corto plazo muy importantes: desde un 9% con liraglutida, 17% con semaglutida y hasta el 21% con tirzepatida, según datos recogidos en la guía GIRO de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).
La alternativa hasta el momento era de apenas un 3% de reducción del peso corporal con orlistat, un inhibidor de la lipasa que reduce la absorción de grasas en el intestino con las comidas.
Además de la pérdida de peso, el tratamiento farmacológico reduce el riesgo y mejora el pronóstico de patologías asociadas a la obesidad, como diabetes tipo 2, hígado graso, hipertensión, ovario poliquístico, apnea del sueño, reflujo gastroesofágico, artrosis, insuficiencia cardíaca u otras enfermedades cardiovasculares.
… con efecto rebote
El problema es que los efectos de los medicamentos para la obesidad no son permanentes: al dejar la medicación, si no se han producido cambios en la dieta y los hábitos de vida, se puede recuperar el peso perdido.
Es importante destacar que el tratamiento efectivo de la obesidad pasa siempre, sin excepciones, por la adopción de un estilo de vida sano: dieta equilibrada, ejercicio regular y hábitos saludables.

Empleados de forma estratégica, los nuevos medicamentos para la obesidad pueden «facilitar el proceso de ajuste a una rutina saludable y a un nuevo balance que debe persistir al dejar la medicación; si no, el efecto reganancia está asegurado», apunta la doctora Rita García, especialista en Medicina Interna y Trastornos Hepáticos del Hospital San Rafael de A Coruña.
En nuestro hospital, los nuevos medicamentos para la obesidad ya se emplean en los pacientes con obesidad mórbida como terapia puente para bajar de peso y mejorar el índice metabólico antes de someterse a cirugía bariátrica.
«Con el tiempo, la mejora metabólica que produce este tipo de medicación seguramente irá progresando hasta el punto de que puede que no necesitemos recurrir a la cirugía como solución definitiva para la obesidad; pero hoy en día, la cirugía bariátrica sigue siendo el tratamiento más efectivo», reflexiona la doctora García Martínez.
Los riesgos: farmacodependencia y efectos secundarios
Los nuevos medicamentos para la obesidad suponen un avance importante en la lucha contra el sobrepeso, pero no están recomendados para todo el mundo. En particular, pacientes con patologías pancreáticas o polimedicados, no pueden tomar esta medicación.
Además, los efectos secundarios de estos fármacos pueden obligar a abandonar el tratamiento en algunos casos: «Pueden causar desde alteraciones digestivas, como dolor abdominal, náuseas, diarrea o estreñimiento agudo hasta pancreatitis aguda en casos excepcionales», apunta la especialista.
Son fármacos de muy reciente desarrollo, por lo que existe cautela respecto a los posibles efectos de su uso prolongado: «La duda está en la posible resistencia a largo plazo que pueden crear estos fármacos; con Wegoby, empezamos con la dosis de inicio en 0,25 mg y ya está en 2,4 mg. Hay que ver cuál es el techo de efectividad», advierte.
En términos generales, los nuevos medicamentos para la obesidad se recomiendan en personas con un IMC superior a 30 o con sobrepeso moderado (IMC >27) si tienen otras enfermedades, como hipertensión, diabetes tipo 2 o hipercolesterolemia. Sin embargo, cada caso debe valorarse de forma individual.
Enfermedad multifactorial, tratamiento multidisciplinar
Antes de iniciar cualquier tratamiento para la obesidad, es importante consultar con un especialista en endocrinología para valorar el perfil metabólico del paciente y explorar las opciones farmacológicas, terapéuticas e incluso quirúrgicas.
Los medicamentos para la obesidad pueden ayudar a perder peso, pero no deberían ser la única solución: «Si nos apoyamos solo en la medicación, puede que tengamos solo enfermos crónicos con tratamientos crónicos», advierte la doctora García.
Hay que tener en cuenta que la obesidad es una enfermedad metabólica compleja, no es simplemente una cuestión de comer mucho y moverse poco. Por ello, en el tratamiento integral de la obesidad colaboran especialistas en aparato digestivo, endocrinología, nutrición, cirugía bariátrica y psicología, como los que conforman la Unidad de Tratamiento de la Obesidad del Hospital San Rafael de A Coruña.
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