Secuelas después de una neumonía: Cuáles son y cómo evitarlas

La atención médica inmediata ayuda a reducir las secuelas después de una neumonía

La atención médica inmediata reduce el riesgo de sufrir secuelas después de una neumonía, especialmente en personas mayores y con enfermedades crónicas

La neumonía es una enfermedad respiratoria grave que debilita los pulmones y puede tener consecuencias a largo plazo tras superar la enfermedad. Las secuelas después de una neumonía que ha requerido hospitalización pueden ser severas y reducir la calidad y esperanza de vida del paciente.

Los pacientes más vulnerables a sufrir graves secuelas después de una neumonía son las personas inmunodeprimidas y los mayores de 65 años, así como aquellas que tienen otras patologías crónicas, como asma, EPOC o enfermedades cardíacas.

En la gravedad de las secuelas después de una neumonía influyen factores como el diagnóstico temprano, la edad del paciente y la comorbilidad con otras afecciones, sobre todo respiratorias.

¿Por qué deja secuelas la neumonía?

La neumonía es una infección aguda de los pulmones que afecta, específicamente, a los alvéolos, los saquitos de aire donde se intercambia el oxígeno por dióxido de carbono al respirar. Hablamos de neumonía bilateral o unilateral en función de si afecta a los dos pulmones o a uno solo.

La causa más común en adultos suele ser una infección bacteriana por estreptococo (Streptococcus pneumoniae), aunque también puede producirse por virus respiratorios, hongos o por aspiración de alimentos, líquidos o vómito hacia los pulmones.

La infección provoca una respuesta inflamatoria que hace que los alvéolos se llenen de pus o secreciones, impidiendo el intercambio de gases. Dependiendo de la gravedad de la infección y de la capacidad de respuesta del sistema inmune del paciente, la neumonía puede dejar los pulmones debilitados tras la recuperación.

«La neumonía puede dejar cicatrices en los pulmones o causar daño permanente, lo que puede aumentar el riesgo de futuras infecciones respiratorias o problemas pulmonares crónicos», explica la doctora Irene Nieto, especialista en Neumología del Hospital San Rafael de A Coruña.

Una capacidad pulmonar reducida también tiene consecuencias en el resto del cuerpo ya que, entre otras cosas, limita la capacidad de llevar oxígeno a los órganos para su correcto funcionamiento. En personas con enfermedades subyacentes, puede empeorar su condición.

El diagnóstico temprano, clave para evitar secuelas graves

La gravedad de las secuelas después de una neumonía está directamente relacionada con la prontitud con la que el paciente haya recibido atención médica.

Obtener un diagnóstico y tratamiento tempranos, idealmente en el mismo día de advertir los primeros síntomas, es extremadamente importante para reducir el riesgo de sufrir secuelas después de una neumonía.

«La neumonía es vital tratarla en las primeras 24 horas porque está demostrado que la administración temprana de antibióticos reduce la mortalidad», indica la doctora Nieto.

Cuanto antes se detenga el avance de la infección, menos daño causará en los pulmones y menor es el riesgo de que se extienda a otros órganos. Por ello, es fundamental saber reconocer los síntomas de neumonía y no esperar para visitar al médico. Especialmente, si coincide con alguno de los factores de riesgo:

  • Inmunodepresión: Los pacientes con un sistema inmunológico debilitado tienden a sufrir con severidad las posibles secuelas después de una neumonía.
  • Edad avanzada: Las personas mayores de 65 años, además de tener las defensas más débiles con la edad, también suelen padecer otras afecciones crónicas que, en conjunto, les hacen más vulnerables a sufrir complicaciones de gravedad.
  • Enfermedades crónicas: Sobre todo respiratorias, como EPOC, asma o bronquiectasias; pero también patologías neurológicas o cardíacas de carácter crónico.
  • Tabaco, alcohol y otras drogas: El tabaco es el principal factor externo de deterioro pulmonar, pero el alcohol y otras drogas también afectan a la función y capacidad pulmonar, agravando las consecuencias de la neumonía.

Cabe destacar que la neumonía tiene una alta tasa de mortalidad en el momento agudo en niños menores de 5 años, que todavía tienen los pulmones en desarrollo y no están protegidos por la vacuna del neumococo. Pero, una vez superada la enfermedad, no suelen tener consecuencias a largo plazo.

Las personas mayores o con enfermedades preexistentes tienen más probabilidades de experimentar secuelas después de una neumonía, especialmente si el tratamiento ha requerido de hospitalización e intubación.

Posibles secuelas después de una neumonía

Las posibles secuelas después de una neumonía afectan, sobre todo, a los pulmones, pero también a otros órganos; particularmente, al corazón. Podemos distinguir entre complicaciones agudas, que se producen durante la neumonía, y secuelas que se manifiestan a largo plazo.

Complicaciones agudas:

  • Insuficiencia respiratoria grave: Los pulmones llenos de líquido no pueden realizar su función y el paciente requiere de un tratamiento con oxígeno o, en los casos más graves, asistencia mecánica para poder respirar.
  • Derrame pleural: Acumulación de líquido en el espacio pleural, entre los pulmones y la caja torácica. Puede causar insuficiencia respiratoria y puede ser necesario drenarlo con sonda o mediante cirugía mínimamente invasiva. Cuando el espacio pleural se llena de pus, nos referimos a un empiema.
  • Abscesos pulmonares: El pus generado por la infección se acumula en áreas del pulmón. Si no se resuelve con el tratamiento antibiótico, es necesario realizar un drenaje.
  • Empiema: El pus se acumula en los tejidos que recubren el pulmón, el espacio pleural.
  • Sepsis: Es la complicación aguda más grave durante una neumonía. Se produce cuando la infección pulmonar se extiende a otros órganos a través del torrente sanguíneo. Esto puede ocurrir al toser, cuando las gotitas que suben por las vías respiratorias hacia la boca entran en contacto con vasos sanguíneos rotos por la fuerza ejercida al toser. La sepsis puede llegar a provocar un fallo multiorgánico y la muerte si no se trata urgentemente.

Personas con asma o EPOC tienden a sufrir mayores secuelas después de una neumonía

Secuelas a largo plazo:

  • Reducción de la capacidad pulmonar: Las neumonías más graves pueden dañar permanentemente áreas el pulmón, disminuyendo su capacidad. En algunos pacientes, persiste cierta dificultad para respirar (disnea), tos crónica o fatiga.
  • Fibrosis pulmonar: El daño causado por la inflamación severa durante la neumonía puede dejar cicatrices en el tejido pulmonar. Esta es una condición crónica que, además, tiende a empeorar con el tiempo.
  • Bronquiectasias: Enfermedad respiratoria crónica causada por el ensanchamiento de los bronquios, lo que favorece la aparición repetida de bronquitis y mayor susceptibilidad a contraer gripes y resfriados.
  • Secuelas cardiovasculares: La Sociedad Española de Cardiología (SEC) advierte de que la neumonía puede causar secuelas cardiovasculares a largo plazo, como episodios de síndrome coronario agudo (infarto de miocardio o angina de pecho) e insuficiencia cardíaca. Esto puede estar relacionado con la reducida capacidad pulmonar, que obliga al corazón a trabajar más para llevar la sangre (menos) oxigenada a los órganos.
  • Daño renal, hepático o cardíaco: En casos muy graves, la reducción del nivel de oxígeno en sangre durante un episodio extremo de neumonía puede producir daños renales, hepáticos o cardíacos.
  • Complicación de patologías preexistentes: La neumonía puede agravar la condición de los pacientes que tienen enfermedades crónicas previas, especialmente afecciones respiratorias (asma, EPOC o bronquiectasias, entre otras), pero también neurológicas, cardíacas, autoinmunes, renales o diabetes.

Cómo reducir el riesgo de padecer secuelas después de una neumonía

La mejor forma de reducir el riesgo de sufrir secuelas después de una neumonía es la prevención. Hay que recordar que la neumonía más común es contagiosa. La vacuna contra el neumococo, la bacteria que suele estar detrás de la mayoría de casos de neumonía, reduce el riesgo de contraer la enfermedad y disminuye la gravedad de los síntomas.

Un tratamiento inmediato y eficaz de la enfermedad también disminuye la probabilidad de padecer secuelas después de una neumonía. Es importante seguir el tratamiento pautado por los especialistas en Neumología.

Abandonar los antibióticos antes de tiempo, o tomarlos sin prescripción médica, puede comprometer su efectividad. Los antibióticos empiezan a hacer efecto desde que se administran, pero se necesita un tratamiento de 5 a 10 días para asegurar la curación de la infección.

Ciertos síntomas, como tos, cansancio o fatiga, pueden perdurar por semanas o meses, dependiendo del estado del paciente y la gravedad de la neumonía.

Un aspecto importante para recuperar la capacidad pulmonar tras una neumonía es la rehabilitación. Para ello, «se recomienda el uso de incentivadores respiratorios o técnicas de fisioterapia respiratoria», indica la doctora Nieto.

Los incentivadores respiratorios son aparatos de gimnasia pulmonar que guían al paciente para ejercitar la musculatura respiratoria con ejercicios de respiración profunda y controlada.

La fisioterapia respiratoria incluye una variedad de técnicas que combinan ejercicios de ventilación dirigidos, a veces con ayuda instrumental, y masajes drenantes.

Por último, realizar ejercicio moderado y llevar una dieta equilibrada, evitando el tabaco y el alcohol, te ayudará a mantener tu capacidad pulmonar y reducir el riesgo de sufrir secuelas cardíacas y respiratorias.

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