Virus respiratorios a la vuelta del verano: ¿por qué aumentan?

Virus respiratorios como la gripe se están manifestando de forma incremental este mes, como la mujer de la imagen

La vuelta a la rutina favorece la circulación de virus respiratorios en septiembre. Analizamos el aumento de gripe y COVID-19, sus síntomas, prevención y cuándo consultar

Termómetros por encima de los 30 grados, terrazas llenas, ropa de verano… y, al mismo tiempo, personas con tos, dolor de garganta, fiebre y test de COVID-19 positivos. Puede parecer una contradicción, pero este comienzo del otoño está dejando una situación llamativa: los virus respiratorios han empezado a ganar terreno mientras buena parte de España continúa registrando temperaturas más propias del verano.

Los últimos datos disponibles apuntan especialmente hacia un incremento de la circulación del SARS-CoV-2. La actividad gripal continúa en niveles bajos, pero los casos están apareciendo antes de lo que solemos asociar mentalmente con la temporada de gripe.

Y aquí aparece una idea importante: los virus no consultan el termómetro antes de circular.

La Dra. Irene Nieto, especialista del Servicio de Neumología del Hospital San Rafael de A Coruña, señala que debemos mirar mucho más allá de la temperatura exterior para entender estos repuntes. «Tenemos muy asociadas las infecciones respiratorias al frío, pero su transmisión depende de muchos factores. Los contactos sociales, la vuelta a espacios interiores, el comienzo de las clases y nuestra propia situación inmunitaria también influyen en la circulación de estos virus».

Septiembre reúne muchos de esos ingredientes al mismo tiempo. Y este año los estamos viendo actuar antes de que hayan llegado realmente los días fríos.

Por qué aumentan los virus respiratorios en septiembre

Septiembre cambia nuestras rutinas casi de un día para otro. Los niños vuelven a las aulas, los adultos a oficinas y centros de trabajo, reaparece el transporte público diario y recuperamos reuniones, actividades deportivas y espacios compartidos.

Durante las vacaciones, muchas redes de contacto se dispersan. Con la vuelta al colegio y al trabajo vuelven a concentrarse.

Imaginemos una situación completamente cotidiana. Un niño regresa al colegio y comparte aula durante varias horas con otros veinte compañeros. Por la tarde entrena en un pabellón. Vuelve a casa, donde convive con sus padres y hermanos. Los adultos, a su vez, acuden al trabajo. En apenas unos días se ha reconstruido una enorme red de contactos.

Ese contexto facilita la transmisión de virus respiratorios independientemente de que en la calle haya 28 grados.

Además, pasamos muchas horas en espacios interiores y algunos permanecen climatizados o insuficientemente ventilados.

En los últimos días, numerosos medios de comunicación han informado sobre el repunte de estos episodios. Los médicos de familia han observado este septiembre un aumento de infecciones respiratorias, con casos de gripe detectados ya desde finales de agosto y un incremento posterior coincidiendo con la vuelta a la actividad. Los sistemas de vigilancia muestran también un aumento de COVID-19 durante septiembre.

Como explica la Dra. Nieto, «no debemos pensar que una temperatura alta nos protege frente a una infección respiratoria. Si un virus está circulando y aumentan las oportunidades de transmisión, puede producirse un incremento de casos aunque todavía estemos viviendo días prácticamente veraniegos».

Gripe, COVID-19 y otros virus: síntomas que pueden confundirse fácilmente

Empieza con un picor de garganta. Al día siguiente aparece congestión. Después llega la tos, el cansancio y quizá unas décimas de fiebre. ¿Es gripe? ¿COVID-19? ¿Un resfriado? Solo por los síntomas puede resultar difícil saberlo.

Los virus respiratorios pueden producir cuadros clínicos que comparten muchas manifestaciones: tos, congestión nasal, dolor de garganta, cefalea, cansancio, dolores musculares o fiebre.

La gripe suele asociarse a un comienzo relativamente brusco, fiebre, dolores musculares y una sensación intensa de malestar, aunque no todos los pacientes presentan exactamente el mismo cuadro.

La COVID-19, por su parte, puede manifestarse actualmente con dolor de garganta, tos, congestión, cefalea, dolores musculares, cansancio y, en algunos pacientes, fiebre. La presentación puede variar considerablemente entre personas.

A todo ello se suman rinovirus, adenovirus y otros agentes capaces de producir infecciones respiratorias.

«Los síntomas se solapan mucho -advierte Irene Nieto-. No siempre podemos determinar qué virus está causando una infección únicamente por cómo se encuentra el paciente. Lo importante es valorar la intensidad, la evolución y los factores de riesgo».

Esto explica por qué decir «es solo un catarro» basándonos exclusivamente en las primeras molestias puede resultar precipitado.

Para la mayoría de las personas sanas, muchas de estas infecciones evolucionarán favorablemente. Sin embargo, en pacientes vulnerables el escenario puede ser diferente.

Quién debe tener especial cuidado con las infecciones respiratorias

Una infección que para una persona joven y sana significa pasar unos días con tos y cansancio puede tener consecuencias mucho mayores en alguien con una enfermedad respiratoria crónica.

Las personas de edad avanzada, los pacientes inmunodeprimidos y quienes padecen determinadas enfermedades crónicas constituyen grupos especialmente vulnerables frente a las complicaciones de las infecciones respiratorias.

Desde Neumología existe, además, especial preocupación por quienes padecen EPOC, asma u otras enfermedades pulmonares.

Un virus respiratorio puede desestabilizar una patología previamente controlada. Una persona con EPOC, por ejemplo, puede comenzar con síntomas aparentemente leves y experimentar posteriormente un aumento de la tos, cambios en la expectoración o mayor dificultad para respirar.

Algo parecido puede ocurrir con determinados pacientes asmáticos, en quienes una infección viral puede actuar como desencadenante de una exacerbación.

«En una persona con enfermedad respiratoria crónica debemos prestar especial atención a cualquier empeoramiento respecto a su situación habitual. No solo importa tener tos o congestión, sino detectar si empieza a respirar peor, necesita más medicación de rescate o disminuye claramente su tolerancia al esfuerzo», señala la especialista del Hospital San Rafael.

Por eso, el aumento de los virus respiratorios en septiembre tiene una relevancia especial para estos pacientes.

No se trata de alarmarse ante cualquier estornudo, sino de conocer el propio punto de partida y detectar cuándo algo está cambiando.

Una mujer presenta síntomas de virus respiratorios mientras se protege con una mascarilla

Cuándo consultar: las señales respiratorias que no conviene ignorar

La mayoría de las infecciones respiratorias leves pueden manejarse con medidas sintomáticas, hidratación y descanso. Los antibióticos, además, no son eficaces frente a infecciones causadas por virus y solo deben utilizarse cuando existe una indicación médica.

Pero hay situaciones en las que conviene consultar. Una dificultad respiratoria relevante, dolor torácico, deterioro acusado del estado general, confusión o empeoramiento progresivo requieren valoración médica. También debe prestarse especial atención a la evolución de las personas vulnerables o con enfermedades crónicas.

Hay una diferencia importante entre «estoy cansado porque tengo gripe» y «me falta el aire al caminar desde el dormitorio hasta el baño». El segundo escenario merece una valoración diferente.

La Dra. Irene Nieto lo resume así: «Una de las señales más importantes es notar que la respiración ha cambiado. Si aparece falta de aire significativa o esta progresa, especialmente en una persona con enfermedad pulmonar previa, no debemos normalizarla como parte inevitable de un catarro».

También importa la evolución temporal. Un cuadro que inicialmente parece mejorar y posteriormente empeora puede necesitar una nueva valoración para descartar complicaciones.

En definitiva, ante los virus respiratorios debemos observar al paciente, no únicamente poner nombre a la infección.

La edad, las enfermedades previas, la intensidad de los síntomas y su evolución determinan en buena medida cuándo es necesario solicitar atención médica.

Cómo reducir el riesgo cuando vuelven las aulas, oficinas y espacios cerrados

Septiembre no tiene por qué convertirse en un mes de aislamiento. Las medidas más útiles son, en realidad, bastante sencillas.

Una de ellas es la ventilación. Los virus respiratorios se transmiten con mayor facilidad en determinadas situaciones de proximidad y espacios interiores, por lo que renovar el aire ayuda a disminuir la concentración de partículas potencialmente infecciosas.

La higiene de manos continúa siendo una medida razonable, especialmente porque algunos patógenos pueden transmitirse también a través de superficies y contacto.

Y hay una recomendación particularmente sencilla: si estamos enfermos, debemos intentar no transmitir la infección a los demás.

Eso implica evitar, cuando sea posible, el contacto estrecho con personas vulnerables mientras presentamos síntomas. El uso de mascarilla puede ser especialmente útil si una persona con síntomas necesita compartir espacios cerrados o estar cerca de alguien con mayor riesgo de complicaciones.

Además, las campañas de vacunación frente a gripe y COVID-19 vuelven a adquirir protagonismo con la llegada de la temporada respiratoria, especialmente para los grupos en los que las autoridades sanitarias recomiendan la inmunización.

«La prevención no consiste en vivir con miedo a los virus -apunta la Dra. Nieto-. Consiste en utilizar medidas razonables, proteger especialmente a las personas vulnerables y aprovechar herramientas como la vacunación cuando está indicada». Entender cómo prevenir la gripe puede resultar de enorme utilidad en un escenario clínico como el actual.

Los virus respiratorios en septiembre nos recuerdan que el calendario ha cambiado

Quizá la imagen más llamativa de este septiembre sea precisamente esa: salir de casa en manga corta mientras alguien a nuestro lado comenta que acaba de pasar la gripe o vuelve a dar positivo en COVID-19.

Los datos actuales muestran que el SARS-CoV-2 está circulando y que la gripe, aunque todavía se mantiene en niveles bajos, ha comenzado a dejar casos antes de lo que tradicionalmente esperamos.

Pero sería demasiado sencillo atribuirlo todo al tiempo. La vuelta a las aulas, oficinas y actividades, el aumento de los contactos y la convivencia prolongada en espacios interiores forman parte de un escenario perfecto para que diferentes virus vuelvan a encontrar cadenas de transmisión.

Por eso, hablar de virus respiratorios en septiembre ya no resulta tan extraño.

La mayoría de las infecciones serán leves y evolucionarán sin complicaciones. Sin embargo, las personas mayores, los pacientes vulnerables y quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas deben prestar especial atención a cualquier empeoramiento.

Al final, la temperatura exterior puede seguir recordándonos al verano. Nuestra agenda, nuestras aulas y nuestros centros de trabajo, en cambio, ya funcionan a pleno rendimiento. Y para los virus, esa vuelta a la normalidad puede ser bastante más importante que los grados que marque el termómetro.

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