Calor y EPOC: por qué el verano es tiempo de cuidados

Vista de un paciente con problemas de respiración a causa del aumento de la combinación entre calor y EPOC

Las altas temperaturas pueden agravar el asma y la EPOC. La Doctora Irene Nieto explica cómo afecta la relación entre calor y EPOC, sus síntomas, riesgos y medidas de prevención

Hay momentos en los que el calor deja de ser una simple molestia y se convierte en algo que condiciona por completo el día. Todos hemos sentido alguna vez esa sensación de salir a la calle y notar que el aire pesa. Que cuesta moverse. Que caminar unos minutos bajo el sol agota más de lo normal. La relación entre calor y EPOC, también con el asma y otras enfermedades respiratorias, puede llevar el problema a otra dimensión clínica.

Para muchas personas con enfermedades respiratorias, el verano no siempre es sinónimo de vacaciones, terrazas o paseos al aire libre. A veces significa planificar horarios, evitar determinadas actividades y estar más pendiente de síntomas que durante otras épocas del año pasan desapercibidos.

La relación entre calor y EPOC preocupa cada vez más a los neumólogos. Y no solo porque las temperaturas sean más altas que hace unos años. También porque las olas de calor son más frecuentes, duran más tiempo y afectan a personas especialmente vulnerables.

Hay pacientes que describen algo muy concreto. Hasta el día anterior podían subir una cuesta despacio o dar un paseo corto sin demasiados problemas. Sin embargo, tras varios días de calor intenso, aparecen la fatiga, la sensación de ahogo o la necesidad de detenerse constantemente para recuperar el aliento.

Y es que el vínculo entre calor y EPOC va mucho más allá de sentirse incómodo.

Según explica la Dra. Irene Nieto, especialista del Servicio de Neumología del Hospital San Rafael de A Coruña: «Las altas temperaturas pueden aumentar la carga de trabajo del sistema respiratorio y favorecer un empeoramiento de los síntomas en pacientes con enfermedades pulmonares crónicas».

Comprender qué sucede dentro del organismo cuando el calor aprieta es el primer paso para protegerse mejor.

¿Qué ocurre en los pulmones durante una ola de calor?

Respirar es uno de esos procesos que solemos dar por sentado. Lo hacemos miles de veces al día sin pensar en ello. De hecho, la mayoría de las personas apenas son conscientes de su respiración hasta que algo la altera.

Pero cuando existe una enfermedad respiratoria, cada inspiración tiene más importancia de la que parece.

Durante una ola de calor, el cuerpo entra en una especie de carrera continua para mantener una temperatura adecuada. Sudamos más, perdemos líquidos y el corazón trabaja con mayor intensidad para distribuir el calor y evitar que la temperatura corporal se eleve demasiado.

Todo esto supone un esfuerzo adicional. Además, el aire caliente suele venir acompañado de otro problema menos visible: el empeoramiento de la calidad ambiental.

Las altas temperaturas favorecen la acumulación de contaminantes atmosféricos y aumentan la presencia de ozono troposférico, un gas que puede irritar las vías respiratorias incluso en personas sanas. Cuando hablamos de pacientes con enfermedades pulmonares, el impacto puede ser mucho mayor.

Por eso los especialistas insisten tanto en la relación entre calor y EPOC.

Los pulmones afectados por una enfermedad obstructiva ya tienen más dificultades para movilizar el aire. Si añadimos un ambiente cargado, seco y caliente, el esfuerzo respiratorio aumenta todavía más.

Pensemos en algo muy cotidiano:

Una persona sin problemas respiratorios puede notar que le cuesta un poco más caminar durante una tarde especialmente calurosa. Sin embargo, alguien con EPOC puede experimentar sensación de falta de aire tras recorrer apenas unos metros, subir unas escaleras o incluso realizar tareas domésticas sencillas.

La Dra. Irene Nieto lo resume de manera muy gráfica: «Cuando el organismo tiene que dedicar más recursos a combatir el calor, cualquier enfermedad respiratoria puede hacerse más evidente y generar síntomas que antes estaban relativamente controlados».

Y la verdad es que esto sucede con más frecuencia de la que imaginamos.

Calor y EPOC: los síntomas que suelen empeorar cuando las temperaturas se disparan

Muchas personas piensan que el principal problema de una ola de calor es el cansancio. Y sí, el agotamiento es habitual. Pero en quienes padecen enfermedades respiratorias, el panorama suele ser bastante más complejo.

La combinación entre calor y EPOC puede traducirse en una sensación progresiva de empeoramiento que, en ocasiones, aparece de forma tan gradual que cuesta identificarla.

Uno de los síntomas más frecuentes es la disnea, es decir, la sensación de falta de aire.

No hablamos necesariamente de una crisis grave. A veces empieza de manera sutil. La persona nota que necesita parar antes durante un paseo, que tarda más en recuperarse después de un esfuerzo o que ciertas actividades que antes realizaba con normalidad ahora requieren más energía.

Además, suele aparecer una fatiga difícil de explicar. No es simplemente estar cansado después de un día intenso. Es una sensación de agotamiento profundo, como si el cuerpo estuviera trabajando constantemente para mantener el equilibrio.

También puede aumentar la tos habitual, la producción de mucosidad o la sensación de opresión en el pecho.

Y aquí hay algo importante. El efecto del binomio calor y EPOC no siempre aparece el primer día de altas temperaturas. En muchas ocasiones, los síntomas se acumulan poco a poco. Tras varios días consecutivos de calor intenso, el organismo empieza a resentirse y es entonces cuando aparecen las dificultades.

Algo similar ocurre con el asma. Las personas asmáticas pueden notar una mayor sensibilidad a contaminantes, polvo ambiental o cambios en la calidad del aire. Esto favorece episodios de irritación bronquial y un peor control de los síntomas.

Según explica la Dra. Irene Nieto: «Los pacientes deben prestar atención a cualquier cambio respecto a su situación habitual. Cuando aparecen síntomas más intensos o limitan las actividades diarias, es recomendable consultar».

Porque detectar una descompensación de forma temprana suele marcar una diferencia importante.

Dos médicos supervisan la radiografía de un paciente con problemas médicos a causa de la simbiosis entre valor y EPOC

Cómo protegerse cuando llega una ola de calor

La buena noticia es que existen medidas muy sencillas que ayudan a reducir considerablemente esa delicada simbiosis entre calor y EPOC.

No se trata de vivir encerrado durante todo el verano ni de renunciar a hacer planes. Más bien consiste en adaptar determinadas rutinas para evitar situaciones de riesgo.

Entre las recomendaciones más importantes destacan:

1. Evitar las horas de máximo calor

Siempre que sea posible, conviene programar paseos, compras o actividades al aire libre durante las primeras horas de la mañana o al final de la tarde.

2. Mantener una hidratación constante

Beber agua regularmente ayuda al organismo a regular la temperatura corporal y favorece un mejor funcionamiento general.

3. Buscar espacios frescos y bien ventilados

Permanecer en lugares con temperaturas moderadas reduce la carga física que supone combatir el calor.

4. Cumplir correctamente el tratamiento respiratorio

Durante los episodios de calor extremo es especialmente importante seguir las pautas indicadas por el especialista.

5. Escuchar las señales del cuerpo

Si aparece cansancio excesivo, sensación de ahogo o malestar general, lo más prudente es detener la actividad y descansar.

La relación entre calor y EPOC demuestra que muchas veces son los pequeños gestos cotidianos los que terminan marcando la diferencia.

Y es que prevenir casi siempre resulta más sencillo que tener que tratar una descompensación.

¿Cuándo conviene consultar con un especialista?

No toda sensación de cansancio durante una ola de calor significa que exista un problema grave. Sin embargo, hay determinadas señales que no conviene ignorar.

Cuando la falta de aire aumenta claramente respecto a lo habitual, cuando caminar unos pocos metros se vuelve especialmente complicado o cuando aparece una sensación persistente de opresión torácica, es recomendable buscar valoración médica.

También es importante consultar si aparecen síntomas como:

  1. Dolor en el pecho.
  2. Mareos intensos o sensación de desvanecimiento.
  3. Aumento importante de la tos.
  4. Cambios llamativos en el esputo o las secreciones.
  5. Fiebre o malestar general persistente.

La asociación entre calor y EPOC no implica necesariamente una complicación grave, pero sí requiere vigilancia.

Al final, nadie conoce mejor los síntomas habituales que el propio paciente. Y cuando algo cambia de forma evidente, merece la pena prestarle atención.

Respirar con tranquilidad también es una forma de disfrutar del verano

Cuando pensamos en el verano solemos imaginar días largos, viajes, reuniones familiares o paseos al atardecer. Sin embargo, para quienes conviven con enfermedades respiratorias, las altas temperaturas pueden añadir una dificultad extra a situaciones que antes parecían sencillas.

La relación entre calor y EPOC nos recuerda que los pulmones también sufren cuando el termómetro se dispara. Y que cuidar la salud respiratoria durante estos periodos es tan importante como protegerse del sol o mantenerse hidratado.

La buena noticia es que la mayoría de los problemas pueden prevenirse con información, vigilancia y hábitos adecuados.

Porque al final no se trata de vivir pendiente de la enfermedad. Se trata de conocer sus límites, anticiparse a los riesgos y seguir disfrutando de aquello que realmente importa.

Y cuando respirar bien deja de ser algo automático para convertirse en un esfuerzo, comprender lo que está ocurriendo es el primer paso para recuperar la tranquilidad.

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