Prevenir la gripe es posible con la vacuna y algunos gestos cotidianos. La Dra. Irene Nieto Codesido, especialista en Neumología del Hospital San Rafael, explica cómo protegerse y evitar complicaciones
Cada año, justo cuando bajan las temperaturas, vuelve a pasar lo mismo: toses en el metro, pañuelos en todos los bolsillos y esa sensación de que «hay algo en el aire». La gripe regresa puntual, como la Navidad o Papá Noel, y aunque muchos la subestimen, su impacto en la salud —y en el sistema sanitario— es enorme. Prevenir la gripe, más que un consejo, se ha convertido en una necesidad colectiva.
«Cada invierno -explica la doctora Irene Nieto Codesido, especialista del Servicio de Neumología del Hospital San Rafael de A Coruña– atendemos a personas que llegan con complicaciones respiratorias derivadas de la gripe. En mayores o en pacientes con enfermedades crónicas, puede provocar cuadros graves e incluso poner en riesgo la vida».
Y es que la gripe no entiende de edades. A veces basta con un compañero de trabajo que acude a la oficina con fiebre o un niño que llega del colegio con tos para que el virus empiece a circular en casa. En las semanas de mayor incidencia, los hospitales y centros de salud viven auténticos picos de presión asistencial. Por eso, prevenir la gripe no solo es cuidar de uno mismo, sino también de los demás.
Vacunarse: el gesto más sencillo y eficaz para prevenir la gripe
Si hay algo que marca la diferencia cada año es la vacuna. Es, sin duda, la herramienta más efectiva para prevenir la gripe y reducir complicaciones.
El virus de la gripe muta constantemente, por eso las vacunas se actualizan cada temporada. Cada nueva versión representa sin objeto de duda la mejor protección posible para la sociedad civil.
«La vacuna no garantiza que no vayas a contagiarte, pero sí que, si lo haces, los síntomas serán mucho más leves y te recuperarás antes. Además, disminuye de forma notable el riesgo de acabar hospitalizado por una complicación respiratoria», explica la doctora Nieto Codesido.
La vacuna está especialmente recomendada para personas mayores, embarazadas, pacientes con patologías respiratorias o cardíacas y profesionales sanitarios.
Pero la especialista insiste en que todos podemos beneficiarnos. Tanto directa como indirectamente: «Vacunarse no solo protege al individuo, también frena la transmisión del virus. Es un acto de responsabilidad colectiva».
Piénsalo así: si una maestra se vacuna, probablemente evitará contagiar a toda su clase; si un abuelo lo hace, estará protegiendo a sus nietos. Son esas pequeñas decisiones las que tienen un gran impacto en la salud de todos. Las que suponen una valiosa contribución al bien común…
Pequeños gestos cotidianos que ayudan a prevenir la gripe
Vacunarse es clave, cierto, pero no es todo lo que a título individual puede realizar cada persona. Hay hábitos sencillos que refuerzan la protección frente al virus de la gripe y que cualquiera puede incorporar a su rutina.
- Lávate las manos con frecuencia. Parece obvio, pero sigue siendo uno de los gestos más eficaces. La gripe se transmite fácilmente al tocar superficies contaminadas y luego llevarse las manos a la cara.
- Ventila las habitaciones cada día. Aunque haga frío, abrir las ventanas unos minutos ayuda a renovar el aire y reducir la concentración de virus.
- Evita el contacto cercano con personas enfermas. Y si tú eres quien está con gripe, lo mejor que puedes hacer es quedarte en casa.
- Cubre la boca y la nariz al toser o estornudar con el codo. Es un gesto de educación… y de salud pública.
- Cuida tu descanso y alimentación. Un sistema inmunitario fuerte responde mejor ante cualquier infección.
«La prevención empieza en lo cotidiano. Las personas que duermen bien, comen equilibrado y mantienen rutinas de higiene adecuadas suelen enfermar menos o se recuperan más rápido», afirma.
Al final, prevenir la gripe no es cuestión de grandes cambios, sino de concienciación y constancia. Son esas pequeñas decisiones diarias que tomamos todos a título personal las que acaban marcando la diferencia.

La gripe no es «solo un catarro»
Con frecuencia, es posible caminar por la calle y escuchar algo así: ‘Yo nunca me vacuno, si total, solo es un resfriado más’. Pero no, la gripe no es un simple catarro. Quien la ha pasado lo sabe: fiebre alta, dolores musculares que te dejan sin energía, tos persistente y una sensación de agotamiento que puede durar varios días.
«La gripe puede ser especialmente peligrosa en pacientes con patologías previas como el asma, la diabetes o la insuficiencia cardíaca -explica la neumóloga del Hospital San Rafael-. También aumenta el riesgo de neumonía y de complicaciones cardiovasculares».
Además del impacto en la salud, la gripe representa un enorme coste social año tras año. En los meses más duros, las bajas laborales se disparan y los servicios sanitarios se saturan. «Por eso siempre digo que prevenir la gripe no es solo un gesto personal, sino una forma de cuidar a toda la comunidad», subraya la doctora.
No esperes a que llegue: el momento ideal para vacunarse
Otro error común es dejar pasar el tiempo y vacunarse cuando la gripe ya está circulando. «La vacuna tarda unos diez a catorce días en generar inmunidad, así que conviene adelantarse al pico de contagios», recuerda la especialista.
Por eso, la campaña de vacunación suele comenzar en octubre o noviembre. Cuanto antes se reciba la dosis, mejor preparado estará el cuerpo para afrontar el invierno.
«A veces las personas se vacunan tarde y piensan que la vacuna no ha funcionado, cuando en realidad el virus ya había entrado en el organismo antes de que el cuerpo generase defensas», explica la doctora Nieto Codesido.
Incluso en los años en los que la vacuna no encaja al cien por cien con las cepas predominantes, sigue siendo la mejor defensa disponible para prevenir la gripe y reducir sus efectos. Protegerse de la gripe es siempre la mejor posición vital posible.
Gripe, catarro o COVID: cómo distinguirlos
Hoy en día, los virus respiratorios conviven y se confunden. La gripe, el resfriado común o el COVID-19 comparten síntomas parecidos, pero hay pequeñas diferencias que conviene conocer.
«La gripe -detalla- suele empezar de forma brusca: fiebre alta, escalofríos, dolor muscular, tos seca y malestar general. En cambio, el resfriado común suele ser más leve, con congestión nasal y sin fiebre alta».
Saber distinguirlos ayuda a actuar a tiempo. Si los síntomas empeoran o aparecen dificultades para respirar, es fundamental acudir al médico a la mayor brevedad. Y, por supuesto, es crítico quedarse en casa hasta estar recuperado para evitar contagiar a otros.
Cuidar del entorno también previene la gripe
La prevención no termina en uno mismo. En casa, si alguien se contagia, hay que extremar las precauciones: ventilar a diario, limpiar con frecuencia las superficies y no compartir cubiertos, vasos o toallas.
En el trabajo, lo mejor es priorizar la responsabilidad. «Si tienes fiebre o síntomas gripales, evita acudir a la oficina. Un solo caso puede multiplicarse en cuestión de días si no se toman precauciones, advierte.
Y es que el virus es escurridizo: basta con una tos en una sala cerrada para que varias personas se infecten. De ahí la importancia de no minimizar los síntomas y actuar con empatía hacia los demás.
Prevenir la gripe: una cuestión de cuidado mutuo
En el fondo, prevenir la gripe es una forma de cuidarnos los unos a los otros. No se trata solo de evitar enfermar, sino de proteger a quienes pueden sufrir más las consecuencias. A los mayores, a los enfermos crónicos, a los niños pequeños.
Como resume la doctora Irene Nieto Codesido, «prevenir la gripe es un acto de responsabilidad compartida. La vacuna, los buenos hábitos y el sentido común son nuestras mejores herramientas».
Y aunque cada año el virus regrese, hay algo que sí podemos cambiar: la forma en la que nos preparamos para recibirlo. Con información, prevención y empatía, el invierno puede ser mucho más llevadero.
En resumen: prevenir la gripe no es complicado. Es un equilibrio entre la ciencia (la vacuna), los buenos hábitos y el compromiso personal. Y al final, ese esfuerzo tiene una recompensa muy clara: menos contagios, menos complicaciones y más salud para todos.
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