Esperanza de vida después de un infarto de miocardio: Mayor con rehabilitación cardíaca

El ejercicio regular moderado fortalece el corazón y ayuda a extender la esperanza de vida después de un infarto de miocardio.

Los programas multidisciplinares para ayudar al paciente a adoptar hábitos de vida saludable aumentan un 46% la supervivencia tras un infarto a 10 años

Un ataque al corazón supone un antes y un después en la vida de una persona. El daño causado por un infarto debilita la función cardíaca y eleva el riesgo de muerte temprana. La rehabilitación cardíaca ayuda a aumentar la esperanza de vida después de un infarto de miocardio.

La cardiopatía isquémica (infarto y angina) sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo, pero la mortalidad se va reduciendo con los nuevos tratamientos. Según los datos del INE, se registraron cerca de 29.000 fallecidos en España en 2023, un 6% menos que el año anterior.

La esperanza de vida después de un infarto de miocardio depende, a corto plazo, de la rapidez con que se haya recibido atención médica y de la actuación de los cirujanos cardíacos para reparar el daño arterial.

A largo plazo, los pacientes que logran mantener un nuevo estilo de vida más activo y saludable con un programa de rehabilitación cardíaca, consiguen aumentar considerablemente su esperanza de vida después de un infarto de miocardio.

¿Qué determina la esperanza de vida después de un infarto de miocardio?

Los factores que influyen en la esperanza de vida después de un infarto de miocardio son numerosos y varían en función del momento del que estemos hablando.

Podemos distinguir tres etapas en la evolución del infarto agudo de miocardio que requieren de acciones diferentes para mejorar las opciones de supervivencia: antes, durante y después de la hospitalización del paciente.

Antes de llegar al hospital, el factor crucial es el tiempo. El infarto agudo de miocardio es la obstrucción súbita de una arteria coronaria, lo que limita el riego sanguíneo a una parte del corazón, que empieza a deteriorarse. Cuanto más tiempo pase sin tratamiento, más extenso e irreversible será el daño a los tejidos y menor es la esperanza de vida para el paciente.

Se estima que uno de cada tres pacientes muere antes de llegar al hospital. Para aumentar las opciones de supervivencia, es fundamental llamar a los servicios de emergencias de inmediato al percibir síntomas de infarto. Lo ideal es recibir atención médica antes de los primeros 90 minutos.

La rápida actuación en los primeros minutos alarga la esperanza de vida después de un infarto de miocardio.

En el hospital, la rapidez de actuación y la precisión en el diagnóstico y aplicación del tratamiento son clave. El método más empleado para restablecer el flujo sanguíneo es la angioplastia. Es una técnica mínimamente invasiva mediante la que se consigue extraer el trombo, inflar un balón e implantar un stent para dilatar la arteria y restituir así el flujo en el corazón.

Las probabilidades de éxito del tratamiento médico son mayores cuanto antes se trate al paciente, ya que una vez que las células empiezan a morir por falta de riego, el daño es irreparable. Se estima que la tasa de mortalidad intrahospitalaria ronda el 6-7%.

Tras recibir el alta hospitalaria, el pronóstico mejora de forma considerable. Las personas que han sufrido un infarto pueden vivir muchos años, pero tienen más riesgo de padecer otro, así como de desarrollar otras complicaciones coronarias como arritmias e insuficiencia cardíaca.

En este punto, la clave para aumentar la esperanza de vida después de un infarto de miocardio está en mejorar los hábitos cotidianos para llevar una vida más saludable. Para ello, los programas de rehabilitación cardíaca han demostrado ser de gran ayuda.

La rehabilitación cardíaca eleva la esperanza de vida después de un infarto de miocardio

La rehabilitación cardíaca es un programa para recuperar y fortalecer la funcionalidad del corazón que combina el conocimiento de especialistas en cardiología, enfermería, fisioterapia, nutrición y psicología.

El programa de rehabilitación cardíaca afecta a todos los aspectos de la vida del paciente para ayudarle a mejorar su condición cardíaca y ampliar su esperanza de vida después de un infarto de miocardio, una cirugía cardíaca o un problema de insuficiencia cardíaca.

«En pacientes con infarto, la mejora de la supervivencia a 10 años es del 46% con los programas de rehabilitación cardíaca». Comparte el dato el doctor Gonzalo Peña, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital San Rafael de A Coruña.

Este tipo de programas se enfocan completamente en las circunstancias individuales del paciente para diseñar un plan personalizado a sus necesidades. Como explica el doctor Peña, «en la entrevista previa, que incluye una valoración psicológica, vemos qué hábitos han llevado al paciente a sufrir un infarto y esos son los aspectos en los que vamos a incidir más».

Las principales áreas sobre las que se trabaja son las siguientes:

  • Control de los factores de riesgo: Es primordial identificar los elementos que han provocado el infarto para evitar que se repita. Los factores de riesgo habituales son el tabaquismo, el colesterol, la hipertensión, la diabetes y la obesidad. Las recomendaciones son claras: dejar de fumar, perder peso y llevar un buen control de las enfermedades que pueden contribuir a obstruir las arterias coronarias. Parte del programa de rehabilitación cardíaca es, precisamente, ajustar la medicación del paciente para una mayor efectividad y seguridad, especialmente en combinación con otros fármacos que esté tomando.
  • Actividad física: El ejercicio moderado y progresivo, en función de la condición física y capacidades del paciente, es una piedra angular del programa de rehabilitación cardíaca. En este aspecto, comenta el doctor Peña, se ha desmentido un mito muy arraigado: «La gente solía pensar que, si estás mal del corazón tienes que estar quieto y no hacer esfuerzos, pero se ha demostrado que es todo lo contrario». Se recomienda caminar al menos media hora todos los días y, dos o más veces a la semana, hacer algún ejercicio de mayor intensidad.
  • Alimentación: No se trata de imponer una dieta, sino de formar al paciente en aspectos básicos de nutrición para ayudarle a comer mejor. Lo fundamental, explica el doctor Peña, es la moderación: «Es importante tener un equilibrio dietético en cuanto a ingesta de azúcares, grasas y sal; en ese sentido, las dietas mediterránea y atlántica son dos buenas opciones».
  • Bienestar mental: El apoyo psicológico es parte integral del proceso de rehabilitación cardíaca. Por un lado, para ayudar al paciente a superar el trauma que supone el roce con la muerte cuando creía estar sano, ya que el infarto de miocardio ocurre a menudo en pacientes sin cardiopatías previas.

En segundo lugar, se proporcionan estrategias y apoyo para cambiar las rutinas. Dejar de fumar, comenzar a hacer ejercicio, reducir el nivel de estrés… Parecen retos sencillos, pero no lo son cuando se han convertido en hábitos interiorizados.

Un tercer aspecto importante para elevar la esperanza de vida después de un infarto de miocardio es «tener una vida social activa, ya que la soledad lleva a más sedentarismo, alteraciones de la alimentación y repercute negativamente en la salud cardíaca», apunta el doctor Gonzalo Peña.

Una nueva vida… de por vida

La esperanza de vida después de un infarto de miocardio está muy ligada a las circunstancias individuales del paciente: la condición física general, la coexistencia con otras patologías, la edad, el estilo de vida… Y a su compromiso para mantener de por vida los buenos hábitos saludables adquiridos.

La Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Hospital San Rafael de A Coruña, inaugurada en el año 2005, fue la primera de Galicia. En estos 20 años, ha atendido a miles de pacientes. Uno de los retos a los que más se enfrentan es la recaída en la fase crónica, a partir del primer año.

Muchos pacientes, superado el susto inicial, tienen dificultad para fijar las nuevas rutinas y vuelven a los malos hábitos. «Al principio, la tasa de cese de tabaco suele ser muy alta, pero está comprobado que a lo largo del tiempo se va perdiendo y, al año, la cantidad de pacientes que vuelven a fumar es alta; igual que ocurre con la alimentación y el ejercicio», apunta el doctor Peña.

Muchos se relajan incluso con el tratamiento farmacológico. Según la Sociedad Española de Cardiología, 3 de cada 10 pacientes dejan de tomar la medicación al año del infarto.

El programa de rehabilitación cardíaca del Hospital San Rafael de A Coruña mantiene contacto con el paciente a largo plazo para ayudarle a mantener los buenos hábitos.

Con todo, Gonzalo Peña incide en la necesidad de que este tipo de programas, que han crecido mucho en la última década, «se vayan incluyendo todavía más dentro de toda la terapéutica y extendiendo a lo largo de otros servicios, como gimnasios», para mejorar no solo la esperanza de vida después de un infarto de miocardio, sino la salud cardíaca y la calidad de vida en general.

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