Dolor torácico no cardíaco: cuando el pecho duele, pero el corazón no es el culpable

Vista de un hombre con dolor torácico no cardíaco

El Dr. Javier Redondo Martínez, especialista en Aparato Digestivo del Hospital San Rafael de A Coruña, explica qué es el dolor torácico no cardíaco, cuáles son sus causas más frecuentes, cómo diferenciarlo del dolor cardíaco y qué tratamientos existen según su origen

Hay dolores que preocupan solo por el lugar en el que aparecen. El pecho es uno de ellos. Una presión inesperada en el centro del tórax o una sensación de opresión en mitad de una comida familiar pueden hacer que se activen las alarmas y pensar que el dolor procede del corazón.

Sin embargo, no todo dolor en el pecho tiene un origen cardíaco. De hecho, el dolor torácico no cardíaco es mucho más frecuente de lo que imaginamos y un motivo de consulta habitual. Cuando el electrocardiograma, la analítica y las pruebas cardíacas salen normales es momento de mirar más allá del corazón.

El Dr. Javier Redondo Martínez, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital San Rafael de A Coruña, lo explica con claridad: «El dolor torácico no cardíaco es muy frecuente y, en muchos casos, tiene un origen digestivo. El problema es que la sensación puede ser prácticamente indistinguible de la de un dolor coronario, y esto genera mucha preocupación».

¿Qué es exactamente el dolor torácico no cardíaco y por qué se produce?

Cuando hablamos de dolor torácico no cardíaco nos referimos a un dolor localizado en el pecho que, tras una evaluación médica rigurosa, no tiene su origen en el corazón. Es decir, el síntoma está ahí, y a veces es intenso, pero la causa se encuentra en otras estructuras del tórax o incluso del abdomen superior.

Entre las causas más frecuentes encontramos:

  • Reflujo gastroesofágico, cuando el ácido del estómago asciende hacia el esófago y provoca quemazón o presión retroesternal.
  • Trastornos motores del esófago, que pueden generar espasmos dolorosos muy intensos.
  • Esofagitis o inflamación del esófago, que puede tener diversas causas siendo el reflujo gastroesofágico una de las más frecuentes.
  • Problemas musculoesqueléticos, como contracturas, sobrecargas o inflamación de las articulaciones entre las costillas y el esternón.
  • Crisis de ansiedad, que puede manifestarse con opresión torácica y sensación de falta de aire.

Cómo diferenciar el dolor torácico no cardíaco del de origen cardíaco

Aquí es donde surgen las dudas más delicadas. Porque nadie quiere pasar por alto un problema coronario. Y, de hecho, no debe hacerse nunca.

Hay algunas pistas que pueden ayudarnos. Por ejemplo, el dolor digestivo suele aparecer después de comer, empeorar al tumbarse o mejorar con antiácidos. En cambio, el dolor cardíaco clásico tiende a desencadenarse con el esfuerzo físico o el estrés intenso, puede irradiarse al brazo izquierdo, al cuello o a la mandíbula y acompañarse de síntomas como mareo, náuseas o sudoración.

Vista de una mujer que padece dolor torácico no cardíaco

No obstante, en la práctica no siempre es fácil distinguir la causa del dolor. «Ante cualquier duda, la prioridad es evaluar el corazón. Esta es una regla básica. Una vez descartado el origen cardiológico, el estudio del dolor torácico no cardíaco debe ser personalizado», insiste el Dr. Redondo.

El esófago, un protagonista silencioso del dolor torácico no cardíaco

Desde el punto de vista digestivo, el esófago es uno de los grandes responsables del dolor torácico no cardíaco.

El reflujo gastroesofágico es la causa más habitual. El ácido irrita la mucosa esofágica y genera esa sensación de ardor o quemazón típica. A veces el paciente sólo refiere una opresión persistente, de ahí que pueda confundirse con una angina. «Hay pacientes que describen el dolor como un puño presionando dentro del pecho», explica el especialista del Hospital San Rafael.

Existen otras causas menos frecuentes como los trastornos motores del esófago o la hipersensibilidad esofágica al reflujo. En el primer caso, el músculo se contrae de forma descoordinada pudiendo provocar dolor, mientras que el segundo se presenta en algunas personas que simplemente tienen un umbral del dolor más bajo en dicha zona.

Pruebas como la endoscopia, la pH-metría y la manometría esofágica de alta resolución son fundamentales en el diagnóstico y ayudan a identificar la causa.

Tratamiento del dolor torácico no cardíaco: más allá de la medicación

El dolor torácico no cardíaco en la mayoría de los casos es tratable. Eso sí, siempre tras haber realizado una evaluación médica adecuada.

No hay una única receta válida para todos y el tratamiento debe individualizarse dependiendo de la causa. Por ejemplo, si el origen es el reflujo, los inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol, suelen ser eficaces.

Además, pequeños cambios cotidianos pueden marcar una diferencia enorme (p.ej. cenar más ligero, evitar acostarse justo después de comer o eliminar el tabaco, el alcohol y el café).

En cualquier caso, un punto que también es muy importante es ofrecer una información adecuada. Comprender qué está ocurriendo reduce la incertidumbre y ayuda a mejorar la respuesta al tratamiento. «El objetivo no es solo aliviar el síntoma, sino devolver la tranquilidad al paciente. Cuando entiende que su corazón está sano y sabe qué es lo que está causando el dolor torácico, la evolución suele ser mucho mejor», señala el Dr. Redondo.

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