¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?

Muchas personas se preguntan: «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?»

Los intentos frustrados de reducir el colesterol provocan que muchas personas se hagan la misma pregunta: «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?»

Las personas con el colesterol elevado tienen más probabilidades de sufrir una angina de pecho, un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular. Reducir sus niveles es, por tanto, una cuestión de vital importancia. Pero hay veces que estos esfuerzos son en vano. Y, por mucho que se intente, no solo no se logra rebajar el colesterol, sino todo lo contrario. Entonces surge una pregunta muy repetida: «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?».

Para darle respuesta a esta incógnita, es crucial comprender qué es el colesterol, una grasa presente en las membranas de las células. Este lípido es transportado en la sangre y viaja en el interior de las lipoproteínas. Aunque el propio cuerpo se encarga de producir el colesterol que necesita, las personas también lo asimilan de muchos alimentos de origen animal.

El colesterol es esencial para el funcionamiento adecuado del organismo. No obstante, si sus niveles son muy altos, comienza a acumularse en las paredes de las arterias, en forma de placas que obstruyen los vasos sanguíneos. Y esto da lugar a la enfermedad de las arterias coronarias y a la aparición de coágulos, que bloquean el flujo sanguíneo y pueden atentar contra la vida de la persona afectada.

Pero unos niveles elevados de colesterol no siempre entrañan esta clase de riesgos. «Puede que el colesterol esté alto, pero que sea principalmente colesterol bueno. Entonces no habría problema. Además, no es lo mismo una persona sana y deportista que una persona diabética, que fuma y ha sufrido un infarto», explica Manuel Viso, el jefe de Urgencias del Hospital San Rafael A Coruña.

Una inmersión en el colesterol

¿Por qué sube el colesterol si no como grasas? Esta es una de las dudas más escuchadas en las consultas médicas. Para entender la respuesta, primero hay que conocer los distintos tipos de colesterol. Y es que no todos son perjudiciales para el organismo.

Según el tipo de lipoproteína en la que viaja, distinguimos entre:

  • Colesterol bueno o high-density lipoprotein (HDL): transporta el colesterol al hígado, que procede a su eliminación, protegiendo así al cuerpo de las enfermedades cardiovasculares.
  • Colesterol malo o low-density lipoprotein (LDL): el más peligroso para la salud, pues forma las placas en las arterias y provoca arteriosclerosis.
  • Colesterol indiferente o very low-density lipoprotein (VLDL): su medición no es una tarea sencilla, por lo que no es tan popular, pero también es perjudicial para el cuerpo humano.

La hipercolesterolemia se produce cuando los niveles del colesterol malo en sangre aumentan de modo notable y se hallan por encima de lo habitual. Idealmente, deberían estar por debajo de los 130 mg/dL. Y la suma de los tres tipos, conocida como colesterol total, no tendría que rebasar los 200 mg/dL.

Sin embargo, como recuerda el doctor Viso, estos «valores sirven como referencia y ayudan a interpretar, pero siempre depende del contexto del paciente». Por ejemplo, si este padece una enfermedad cardiovascular, las cifras deberían ser menores.

Identificar las grasas en la alimentación

La causa más frecuente de una elevación de los niveles de colesterol en sangre son las dietas ricas en grasas saturadas. No obstante, algunas personas adoptan cambios radicales a nivel alimenticio y, a pesar de ello, su colesterol continúa escalando. Esto las conduce a pensar: «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?».

«Depende a lo que llamemos grasa», precisa Manuel Viso. «A veces pensamos que el jamón, la cecina o el lomo de cerdo magros no tienen grasas, pero sí que tienen», continúa el especialista, y afirma que «hay gente que cena casi todos los días jamón serrano, pechuga de pavo o fiambres de pollo. Pero el propio pollo o pavo es tan solo el 60 % de la loncha. El otro porcentaje proviene de agua, aditivos y fécula de patata, un azúcar que se transforma en grasa y en colesterol».

Generalmente, la grasa se asocia a las carnes rojas, a la bollería industrial, a las salsas… Pero no siempre es tan fácil identificarla. Por su parte, la OMS recomienda limitar los azúcares a menos del 10 % de la ingesta calórica total diaria, pues este también juega un papel muy relevante.

«El azúcar que el cuerpo no utiliza se almacena en depósitos de azúcar en forma de glucógeno. Pero estos son muy pequeños, no llegan ni al medio kilo. El exceso que no se puede almacenar ni se quema pasa a almacenarse en las reservas de grasa, que no tienen límite», asegura el especialista en Hematología.

Las cuatro patas del colesterol

Hay cuatro pilares que regulan el colesterol en el cuerpo humano. Funcionan como las patas de una silla: dos de ellos controlan la producción o la entrada, y los otros dos se encargan de la metabolización o la salida.

Tan solo el 20 % del colesterol proviene de la dieta. La mayoría, cerca de un 80 %, es fabricado por el hígado. Este órgano desempeña una función indispensable pues, del mismo modo que lo produce, es capaz de metabolizarlo, manteniendo un equilibrio.

Pero para eliminar el colesterol no basta con el trabajo del hígado. Hacer deporte de manera regular también resulta fundamental para expulsarlo del organismo. El sedentarismo es, por tanto, uno de los responsables del incremento del colesterol, puesto que impide que el cuerpo se deshaga de esta sustancia.

Generalmente, con un control estricto de la dieta y la práctica de ejercicio físico bastaría para equilibrar los niveles de colesterol. Sin embargo, hay pacientes que, a pesar de cumplir con ambos requisitos, todavía se preguntan: «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas y hago deporte?».

En estos casos, la respuesta puede hallarse en un problema metabólico del hígado.

«Cuando hay un problema metabólico, si los niveles no son muy altos, se puede tratar con derivados del arroz rojo. Hay varias marcas comerciales que contienen metacolinas. Pero no bajan más de 30 o 40 mg/dL, por lo que es para los casos más leves», apunta el doctor Viso.

En las situaciones más extremas, no basta con la levadura de arroz rojo. A los pacientes diabéticos, a los que han sufrido un infarto o a los que tienen otros factores de riesgo es común recomendarles las estatinas o fibratos.

Como indica el facultativo, estos son «medicamentos propios para el colesterol que tienen una gran ventaja. No solo lo bajan, sino que también eliminan las potenciales placas de colesterol que ocluyen las arterias».

La falta de ejercicio o los problemas del hígado pueden estar detrás del aumento del colesterol

Otras posibles razones para el aumento del colesterol

Aunque son los más influyentes, la alimentación y el ejercicio no son los dos únicos motivos que hacen que la gente se pregunte: «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?».

«Existe la hipercolesterolemia familiar: grupos de familias con un trastorno hereditario, donde todos los familiares tienen cifras muy altas de colesterol», señala Manuel Viso. En estos casos, sus niveles pueden rondar los 600 o 700 mg/dL. Y, a pesar de que se mediquen, solo lo suelen reducir hasta 300 o 400 mg/dL, ya que su cuerpo genera más colesterol del necesario de forma natural.

Pero la genética no juega un papel muy importante: el número de personas con esta predisposición familiar que se lo transmiten de padres a hijos es relativamente bajo.

Las hormonas, por su parte, sí que inciden de manera sustancial. Las mujeres que se someten a tratamientos de fecundación in vitro y las mujeres embarazadas suelen comprobar cómo sus cifras de colesterol crecen. Pero este es un fenómeno temporal: una vez dan a luz regresan a los valores habituales.

«En la menopausia, a la paciente le va subiendo el colesterol poco a poco. Incluso a las mujeres en época premenopáusica con cifras normales. Ellas pierden el factor protector de riesgo cardiovascular, por lo que hay que vigilarlas de cerca», aconseja el especialista del Hospital San Rafael de A Coruña.

¿Y qué hay del alcohol y del tabaco? «El tabaco es un factor de riesgo muy relevante a nivel cardiovascular, pero en cuanto a la modificación de los niveles de triglicéridos y de colesterol es más determinante el consumo de alcohol», comenta Manuel Viso. Además, el hígado tiene que deshacer las toxinas provenientes del alcohol, por lo que no se puede centrar en eliminar el colesterol.

Tampoco se puede descuidar el impacto de las patologías crónicas, como los problemas de hipotiroidismo, el síndrome nefrótico (que provoca una pérdida de proteínas en la orina) o la colestasis (un trastorno del hígado que impide la circulación de la bilis).

No obstante, esto no se aplica de forma general a toda la población. Se trata de casos específicos en los que pueden influir otros factores, como los hábitos de vida del paciente como consecuencia de la enfermedad o el consumo de determinados medicamentos que aumenten los triglicéridos.

Las situaciones estresantes desencadenan la generación de cortisol, un tipo de hormonas que se protegen mediante el colesterol, por lo que también escalan los niveles de este lípido.

Por último, hay que atender a otros dos factores. El sobrepeso, que se caracteriza por un exceso de grasa, multiplica el colesterol malo y atenúa el porcentaje del bueno. Y, como el hígado emplea la glucosa para crear triglicéridos, unos niveles elevados de glucosa en sangre provocados por una diabetes mal controlada se traducen en una subida de los triglicéridos.

Entonces, ¿cómo disminuir los niveles de colesterol?

Las personas que se preguntan «¿por qué sube el colesterol si no como grasas?» deben acudir a un profesional de la salud para comprobar si el incremento se debe a alguno de los motivos anteriores. Si así fuese, habría que actuar en consecuencia: reducir el peso, controlar la diabetes, evitar el estrés, controlar el consumo de alcohol, tratar las enfermedades que puedan influir…

De esta manera, en los siguientes análisis se podría evaluar si esas medidas han resultado efectivas para bajar el colesterol. Pero hay que tener en mente que esta es una carrera de fondo, en la que los sprints apenas son útiles.

«Hay gente que, a veces, cuando hace una analítica, la semana anterior hace una dieta muy estricta para corregir el colesterol, y eso no influye nada en los análisis», sentencia Manuel Viso. El médico alega que «el colesterol hace un balance de las últimas semanas. Por muy bien o muy mal que lo hagas la semana anterior, apenas influirá en el resultado de la analítica».

Para todos aquellos que se cuestionan «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?», el doctor Viso les recomienda extremar las precauciones y mantenerse alejados de cinco alimentos.

Para empezar, el queso puede convertirse en un auténtico enemigo. «Asociamos el queso con un consumo reducido, como un trocito cada noche. Pero a quien le gusta, lo come todos los días. Y va sumando, hasta que a final de mes te has comido tres quesos», advierte el especialista.

A continuación, les siguen los embutidos, los fiambres y las carnes rojas. El tercer lugar está reservado para la bollería y la repostería: «La gente piensa que solo hay que tener cuidado con los pasteles. Pero las magdalenas o las galletas que anuncian que son buenas para los niños son todo grasas y azúcares», subraya Manuel Viso.

En el cuarto puesto se halla toda la comida frita. Y, por último, el médico pone en el punto de mira a la comida ultraprocesada. «Pizzas, lasañas, canelones, croquetas, barritas de merluza… Todo lo que va directo del congelador al microondas. Incluso los ultraprocesados ricos en vitaminas y minerales esconden grasas, y no te fijas porque no miras el etiquetado», se lamenta el doctor.

Buenas prácticas para poner en marcha

Una vez están claros los alimentos que se deben limitar, ¿qué es lo que hay que hacer para regular los niveles de colesterol?

Una dieta rica en fruta, verduras, hortalizas, legumbres y cereales integrales es uno de los mejores aliados para lograr esta misión, pues esta clase de alimentos ayudan a mejorar el colesterol bueno. Al mismo tiempo, se debe apostar por preparaciones crudas, cocidas, al vapor, a la plancha o al horno. Incluso a la brasa, pero sin abusar. Lo importante es huir de los fritos, los rebozados y los empanados, ya que hacen que la comida absorba mucho aceite.

«Las grasas insaturadas, como los pescados azules, el AOVE, los frutos secos, el aguacate y las semillas de sésamo, lino o chía hacen que en el reparto del colesterol predomine el colesterol bueno», afirma el doctor Viso.

Existe la creencia de que comer huevos aumenta el colesterol. Pero el facultativo destierra este mito: «Paradójicamente, comer colesterol no se traduce en colesterol. Son las grasas saturadas y las grasas trans las que se traducen en colesterol. Y el huevo tiene un balance muy bueno entre grasas saturadas e insaturadas».

Con esta batería de consejos es posible restringir realmente las grasas y los azúcares de la dieta. Y, si las personas que se preguntan «¿Por qué sube el colesterol si no como grasas?» los aplican en su día a día, pueden dar el paso definitivo hacia la reducción a largo plazo de sus niveles de colesterol malo.

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