La mayoría de los nódulos tiroideos son benignos, pero algunas de estas protuberancias de la glándula tiroides pueden desembocar en un cáncer
Cuando se habla de los problemas relacionados con la glándula tiroides, el pensamiento de gran parte de la población se dirige de forma automática hacia dos patologías: el hipertiroidismo y el hipotiroidismo. Pero existe otra afección que, si bien muchas veces no entraña un alto nivel de riesgo, podría llegar a desencadenar un cáncer de tiroides. Estamos hablando de los nódulos tiroideos.
«Los nódulos tiroideos son protuberancias o masas anormales que se forman en la glándula tiroides, ubicada en la parte delantera y central del cuello. Estas protuberancias pueden tener diversas causas, y a menudo no se conoce la razón exacta de su formación», declara Miguel Mayo Yáñez, especialista en Otorrinolaringología.
Una de las posibles causas es la hiperplasia nodular, producida cuando los tejidos tiroideos se multiplican de manera excesiva y forman un nódulo. En otras ocasiones, los responsables son los quistes tiroideos (sacos llenos de líquidos que aparecen en la tiroides) o la tiroiditis (una inflamación de dicha glándula).
Tampoco hay que olvidar la influencia de los factores genéticos y dietéticos. De por sí, hay personas más propensas que otras a desarrollar nódulos tiroideos y trastornos nutricionales como un déficit de yodo también puede dar pie a su formación.
Por último, y como hemos mencionado anteriormente, estas protuberancias también pueden esconder un cáncer. No obstante, como recuerda el doctor Mayo, esta no es una situación muy frecuente, pues «la mayoría de los nódulos tiroideos son benignos y no cancerosos».
Con todo, el facultativo recalca que «es esencial que cualquier persona que note un nódulo tiroideo o tenga síntomas relacionados con la tiroides consulte a un médico especialista en patología tiroidea, como el otorrinolaringólogo especialista en cirugía de cuello, para una evaluación adecuada y un diagnóstico preciso».
¿Qué síntomas producen los nódulos tiroideos?
Identificar los nódulos tiroideos no es una tarea sencilla. Todo lo contrario: puede llegar a suponer un auténtico reto. Pero, ¿por qué motivo?
El especialista en Otorrinolaringología del Hospital San Rafael de A Coruña tiene la respuesta: «Los nódulos tiroideos no suelen causar síntomas y, en algunos casos, se descubren de manera incidental durante un examen médico de rutina o una prueba de imagen de la tiroides».
Esta ausencia de manifestaciones puede ocasionar un retraso en el diagnóstico hasta presentar síntomas o como un hallazgo incidental durante una revisión médica o la realización de alguna prueba.
El principal síntoma consiste en la inflamación del nódulo. Esta hinchazón genera un bulto palpable en el cuello que va aumentando de tamaño con el paso del tiempo, haciéndose más y más visible. Por lo general, este bulto es indoloro, pero esto no significa que no pueda causar molestias o ser doloroso al tacto.
Cuando los nódulos tiroideos adquieren unas dimensiones considerables podrían ejercer presión sobre el esófago, la garganta o la tráquea, causando en las personas afectadas una sensación de obstrucción y dificultades para tragar o respirar.
Los cambios en la voz también sirven como alerta. Si los nódulos presionan las cuerdas vocales o afectan a los nervios laríngeos recurrentes, los pacientes podrían sufrir ronquera o hablar con una voz áspera.
Asimismo, hay veces que los nódulos producen un exceso de hormonas tiroideas o interfieren en su producción normal, abriendo la puerta al hipertiroidismo e hipotiroidismo. Dos enfermedades que, a su vez, pueden provocar cambios en el ritmo cardíaco, fatiga, nerviosismo y pérdida o aumento de peso, entre otras manifestaciones.
De todas maneras, estos síntomas no son específicos de los nódulos tiroideos. La mayoría podrían surgir a raíz de otras patologías. De ahí la importancia de consultar con un profesional de la salud cualquier manifestación inusual, especialmente si es grave o persistente.
¿Cómo saber si los nódulos tiroideos son benignos o malignos?
Esta es, sin duda, una de las principales preocupaciones que asaltan la mente de los pacientes cuando reciben el diagnóstico. Pero responder a esta incógnita no es tan fácil como parece.
«Determinar si un nódulo tiroideo es maligno o benigno por sí solo es complicado y requiere de experiencia en el manejo de este tipo de patología, ya que muchos nódulos tiroideos benignos pueden tener características similares a los malignos. Para evaluar su naturaleza y determinar si es maligno se utilizan una serie de pruebas y procedimientos», precisa Miguel Mayo Yáñez.
Para comenzar, los especialistas emprenden un exhaustivo examen físico, tanto del cuello como de la glándula tiroides. Esto les permite sentir el nódulo y hacerse una idea aproximada de su tamaño, forma, textura y otras características. También comprobarán la faringe y la laringe a través de una fibroscopia, que les permite cerciorarse de que la movilidad de las cuerdas vocales permanece intacta.
La ecografía tiroidea emplea los ultrasonidos para crear una imagen detallada de la glándula tiroides y los nódulos tiroideos. Una prueba que brinda todavía más información acerca de las dimensiones, la forma, la estructura y la vascularización del nódulo. Todo ello, sin necesidad de emitir radiación sobre el paciente.
En función de los hallazgos descubiertos en estas exploraciones, los especialistas valorarán la conveniencia de poner en práctica una biopsia por punción con aguja fina o gruesa.
«En este procedimiento mínimamente invasivo y ambulatorio se extrae una pequeña muestra de tejido del nódulo utilizando una aguja. La muestra se envía a analizar, siendo una de las principales herramientas para determinar si un nódulo es maligno o benigno», describe Miguel Mayo.
Por otra parte, los análisis de sangre permiten medir los niveles de hormonas tiroideas y otras sustancias en la sangre para evaluar la función de la tiroides, midiendo también los marcadores tumorales en la sangre si es necesario para confirmar el diagnóstico.
Si los resultados de estas pruebas revelan que, efectivamente, los nódulos tiroideos son malignos, los profesionales médicos iniciarán estudios adicionales. Con la tomografía computarizada o la resonancia magnética, por ejemplo, podrán determinar con más fiabilidad en qué etapa se encuentra el cáncer y cuál es el tratamiento más óptimo para el paciente.
Sin embargo, tan solo una minoría de los nódulos tiroideos son cancerosos, pues la mayor parte son catalogados como benignos.

¿Qué factores de riesgo juegan en contra del paciente?
No todas las personas juegan con las mismas papeletas a la hora de desarrollar nódulos tiroideos y, en última instancia, cáncer de tiroides. Al igual que en la mayoría de las enfermedades, se pueden distinguir una serie de factores de riesgo que multiplican las probabilidades de que estas protuberancias se malignicen.
«El riesgo de cáncer de tiroides aumenta con la edad, siendo más común en personas mayores de 60 años. Las mujeres tienen un riesgo significativamente mayor en comparación con los hombres», advierte el doctor Mayo. Además, añade que «la exposición previa a la radiación en la cabeza y el cuello, especialmente durante la infancia o la adolescencia, se ha asociado con un mayor riesgo de cáncer de tiroides».
La existencia de casos de este cáncer en el historial familiar también contribuye a incrementar el riesgo. Sobre todo, si los afectados son parientes de primer grado, como los padres o los hermanos.
Asimismo, hay ciertas características morfológicas asociadas a un mayor riesgo de malignidad, como las irregularidades en los bordes del nódulo, la presencia de calcificaciones o la no captación de contraste (popularmente conocida como nódulo frío). Para identificar de manera temprana estas irregularidades es imprescindible acudir a la consulta médica a realizar una exploración física y someterse a pruebas como la ecografía.
Para finalizar, la existencia de determinados síntomas, como la dificultad para tragar, el dolor en el cuello o los cambios en la voz, debería alertar a los pacientes con nódulos tiroideos de que algo podría ir mal.
¿Qué tipos de cáncer de tiroides existen?
Indudablemente, el cáncer es la mayor complicación causada por los nódulos tiroideos. No obstante, no hay una sola clase de cáncer de tiroides. Dependiendo de las células específicas de la glándula tiroides de las que se originan, es posible diferenciar cuatro grandes grupos.
El carcinoma papilar de tiroides, responsable de entre el 80 % y el 90 % de los casos, es el más habitual. Suele crecer de manera lenta y, por regla general, su pronóstico suele ser bueno, aunque puede propagarse a los ganglios del cuello. Afecta a personas de cualquier edad, pero tiende a ser más frecuente entre los adultos jóvenes y las mujeres.
Por su parte, el carcinoma folicular de tiroides representa aproximadamente el 10 % de los cuadros de este cáncer, incluyendo el subtipo de células de Hürtle (oncocítico). Es mucho menos común que el anterior, y su pronóstico también suele ser favorable. Con todo, si no se inicia un tratamiento adecuado, no es raro que se extienda hacia otros tejidos más lejanos.
En tercer lugar, se halla el carcinoma medular de tiroides, que supone un 4 % de los cánceres de tiroides. Este tipo se origina en las células C de la glándula tiroides, y puede estar relacionado con el síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2 (NEM 2), una afección hereditaria. El carcinoma medular puede secretar calcitonina, una hormona reguladora del calcio, y sus metástasis pueden extenderse por la vía linfática hasta los ganglios cervicales y mediastínicos, el hígado, los pulmones o los huesos.
El carcinoma anaplásico de tiroides es el menos frecuente, pues constituye alrededor del 1 % de todos los casos totales. Su crecimiento es más veloz y agresivo que el de los anteriores, y el diagnóstico se produce en los estadios más avanzados, lo que dificulta sobremanera su tratamiento.
Si bien existen otros cánceres de tiroides más raros, como el linfoma o el carcinoma poco diferenciado o indiferenciado, su incidencia es mucho menor.
«La mayoría de los cánceres de tiroides son altamente tratables, especialmente cuando se detectan en etapas tempranas. El tratamiento y el pronóstico pueden variar según el tipo y la etapa del cáncer, por lo que es fundamental consultar a un médico especializado en endocrinología o cirugía tiroidea si se sospecha la presencia de cáncer de tiroides», precisa Miguel Mayo.
¿Cómo tratar el cáncer de tiroides?
Del mismo modo que hay diferentes tipos de cánceres de tiroides, también se han desarrollado distintos tratamientos para combatir esta enfermedad. La elección de uno y otro dependerá no solo de la clase de cáncer en cuestión, sino también de su grado de avance y de la salud general del paciente.
«La cirugía es el tratamiento principal para la mayoría de los tipos de cáncer de tiroides. La tiroidectomía es la extirpación quirúrgica de la glándula tiroides y puede variar en extensión, debiendo incluirse los ganglios del cuello, según la naturaleza del cáncer y si se extiende a otros tejidos circundantes. En algunos casos, se puede realizar una tiroidectomía total mientras que, en otros, solo se elimina una parte de la tiroides», aclara el facultativo del Hospital San Rafael de A Coruña.
También se puede optar por la terapia de yodo radioactivo: un tratamiento que se inicia después de la cirugía, sobre todo en los carcinomas papilares o foliculares de tiroides. Su objetivo es eliminar cualquier rastro de tejido tiroideo residual, incluyendo las células cancerosas. El yodo se consume en forma de cápsula o líquido y se concentra en dichas células, emitiendo radiación para destruirlas.
En algunos casos de cáncer de tiroides, como el carcinoma papilar, se puede recurrir a la terapia supresora de la hormona tiroidea. Una terapia hormonal que trata de suprimir la producción de este tipo de hormonas para prevenir la recurrencia del cáncer.
Si la enfermedad ha progresado mucho o no se puede usar el yodo radioactivo, la radioterapia externa se alza como otra de las posibles alternativas. Y en cánceres recurrentes o más avanzados es usual iniciar terapias dirigidas, consumiendo medicamentos como el lenvatinib o el sorafenib para atacar específicamente las células cancerosas.
¿Y qué hay de la quimioterapia? No es el tratamiento habitual de este tipo de cáncer de tiroides, y tan solo se contempla en casos muy particulares, cuando el resto de opciones no han resultado eficaces.
¿Es recomendable operar los nódulos tiroideos?
«La decisión de operar un nódulo tiroideo depende de varios factores, y no todos los nódulos tiroideos requieren cirugía. Es fundamental que la decisión se tome después de una evaluación completa por parte de un médico especializado en endocrinología o cirugía tiroidea. El médico considerará factores como el tamaño del nódulo, los síntomas del paciente, los resultados de las pruebas de diagnóstico y la naturaleza del nódulo para determinar si la cirugía es la opción más adecuada», detalla el doctor Mayo.
Pero hay un conjunto de situaciones en las que sí es aconsejable considerar la extirpación quirúrgica de los nódulos tiroideos. La principal, la sospecha de cáncer. Si se cree que el bulto podría ser maligno, los médicos suelen recomendar realizar una operación de tiroides para extraerlo y efectuar una biopsia para confirmar el diagnóstico.
Las dimensiones de la protuberancia también juegan un rol primordial. Los nódulos tiroideos más grandes pueden comprimir las estructuras circundantes, causando dificultades para tragar o respirar, y la cirugía logra aliviar estos síntomas.
Los cambios en el tamaño, la apariencia y el nivel de dolor producido por el nódulo son otros de los motivos principales para llevar a cabo una extracción quirúrgica, con el fin de evaluar su naturaleza en el laboratorio y descartar que sea canceroso.
En determinadas ocasiones, los nódulos tiroideos producen un exceso de hormonas tiroideas, provocando síntomas de hipertiroidismo graves en el paciente. Si estos no se logran controlar con otros tratamientos, los especialistas podrán barajar la posibilidad de realizar una cirugía.
Asimismo, cualquier otra dificultad que surja a la hora de evaluar los nódulos tiroideos puede ser razón suficiente para plantearse la entrada de la persona afectada en quirófano. Por ejemplo, cuando no es posible obtener una muestra de tejido adecuada mediante una biopsia por punción con aguja fina o gruesa o cuando los resultados de esta prueba son inciertos. La cirugía permite obtener una muestra de tejido amplia, y los resultados serán más precisos y concluyentes.
El procedimiento quirúrgico, aunque no exento de riesgos, no suele entrañar grandes peligros, tal y como asegura el especialista en Otorrinolaringología del Hospital San Rafael: «La cirugía de tiroides es generalmente segura y eficaz, y en la mayoría de los casos, los pacientes pueden llevar una vida normal después de ella».
Una técnica que no solo resulta vital para reforzar la tranquilidad de las personas con nódulos tiroideos que carecen de un diagnóstico claro, sino que ayuda a tratar el cáncer de tiroides para incrementar la esperanza de vida de los afectados por esta enfermedad.
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