Extrasístoles: cuándo esos «saltos» del corazón deben preocuparnos

Un médico toma anotaciones sobre un paciente que padece extrasístoles

Sentir que el corazón se salta un latido puede generar inquietud. Las extrasístoles suelen ser benignas, pero determinados síntomas aconsejan una valoración cardiológica

Estás tranquilamente sentado después de cenar y, de repente, notas algo extraño en el pecho. Una especie de pausa muy breve seguida de un latido más fuerte. O quizá estás intentando dormir y tienes la sensación de que el corazón acaba de dar un pequeño vuelco. Las extrasístoles pueden sentirse de formas muy distintas y, precisamente porque afectan al corazón, es fácil que generen inquietud. Sin embargo, son extraordinariamente frecuentes y, en muchas personas sin enfermedad cardíaca, tienen carácter benigno.

Eso no significa que debamos ignorarlas siempre. La clave está en saber en qué contexto aparecen, con qué frecuencia se producen, si existen otros síntomas y, especialmente, cómo se encuentra el corazón desde un punto de vista estructural y funcional.

El Dr. Gonzalo Peña, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital San Rafael de A Coruña, pone el foco precisamente en esa valoración individual. «Una extrasístole aislada en una persona con un corazón sano suele tener un significado muy diferente a una alteración del ritmo que aparece en alguien con una cardiopatía previa o acompañada de otros síntomas».

Y es que notar el corazón no significa necesariamente que tengamos una enfermedad cardíaca. Pero aprender a interpretar esas señales puede ayudarnos a saber cuándo basta con observar y cuándo conviene consultar.

Qué son las extrasístoles y por qué parece que el corazón se detiene

Para entender qué son las extrasístoles hay que imaginar el ritmo cardíaco como una secuencia ordenada de impulsos eléctricos. En condiciones normales, estos impulsos hacen que las diferentes cavidades del corazón se contraigan de manera coordinada.

Una extrasístole es, simplificando, un latido que aparece antes de lo esperado. Ese impulso prematuro puede originarse en las aurículas —extrasístole supraventricular o auricular— o en los ventrículos —extrasístole ventricular—. Curiosamente, muchas personas no perciben ese latido adelantado. Lo que notan es lo que ocurre inmediatamente después.

Tras determinadas extrasístoles puede producirse una breve pausa y el siguiente latido normal se percibe con mayor intensidad. De ahí esa descripción tan habitual en consulta: «Parece que el corazón se para un segundo y después da un golpe». Otras personas hablan de un vuelco, un salto, un aleteo o un latido fuera de sitio.

Las extrasístoles pueden aparecer también en personas completamente sanas y aumentar en determinadas circunstancias. El estrés, la falta de sueño o sustancias estimulantes pueden favorecer su aparición en algunas personas. El alcohol también puede actuar como desencadenante.

Como explica el Dr. Peña, «la sensación puede resultar muy llamativa, pero la intensidad con la que el paciente percibe una extrasístole no determina por sí sola su gravedad».

Por eso, antes de sacar conclusiones, hay que analizar el contexto completo.

Por qué aparecen y qué factores pueden favorecerlas

Hay días en los que parecen no existir y otros en los que se hacen notar continuamente. Esta variabilidad es relativamente habitual en las extrasístoles y puede estar relacionada con factores cotidianos.

Pensemos, por ejemplo, en alguien que ha dormido cuatro horas, encadena varias reuniones, toma más café del habitual y termina el día agotado. Esa noche, al tumbarse y quedarse en silencio, empieza a percibir pequeños «saltos» en el pecho. No necesariamente han aparecido de la nada: existen factores capaces de favorecer una mayor excitabilidad cardíaca o hacer que seamos más conscientes de los latidos.

Además del estrés, el cansancio y algunos estimulantes, determinados medicamentos y alteraciones metabólicas o endocrinas pueden relacionarse con palpitaciones o alteraciones del ritmo. Entre ellas se encuentran algunos trastornos tiroideos o desequilibrios de electrolitos.

Sin embargo, las extrasístoles también pueden aparecer asociadas a enfermedades cardíacas. Por eso es importante valorar los antecedentes del paciente y descartar, cuando resulte necesario, cardiopatías estructurales u otros problemas.

«Nuestro objetivo no es simplemente confirmar que existen extrasístoles», señala el jefe de Cardiología del Hospital San Rafael. «Lo importante es determinar qué tipo son, cuántas aparecen, en qué circunstancias y si existe alguna enfermedad cardíaca subyacente».

La edad, los antecedentes cardiovasculares, la medicación y los síntomas acompañantes forman parte de ese pequeño puzle que el cardiólogo debe reconstruir.

Extrasístoles: qué síntomas deberían llevarnos a consultar

Muchas extrasístoles aisladas no provocan ningún problema y algunas personas ni siquiera saben que las tienen. En otras, en cambio, pueden convertirse en una sensación recurrente que genera bastante preocupación. ¿Cuándo merece la pena solicitar una valoración?

Una consulta cardiológica resulta especialmente recomendable cuando las palpitaciones son nuevas, aparecen con mucha frecuencia, aumentan progresivamente o interfieren con la actividad habitual. También cuando existen antecedentes de enfermedad cardiovascular o familiares relevantes.

Hay síntomas acompañantes que requieren todavía más atención. Entre ellos se encuentran el síncope o pérdida de conocimiento, la sensación intensa de desvanecimiento, el dolor torácico o una dificultad respiratoria relevante. Si estos síntomas son intensos o de aparición aguda, puede ser necesaria una valoración urgente.

También merece atención la aparición de palpitaciones durante el ejercicio, especialmente si se acompañan de mareo, dolor torácico o pérdida de conocimiento. La situación es muy diferente a notar ocasionalmente un «salto» mientras estamos descansando.

El Dr. Gonzalo Peña insiste en que «cuando las palpitaciones se acompañan de síncope, dolor en el pecho, dificultad respiratoria importante o aparecen claramente relacionadas con el esfuerzo, debemos realizar una valoración médica».

Al final, no se trata de vivir pendientes de cada latido. Se trata de identificar aquellas situaciones en las que el corazón está enviando una señal que merece ser estudiada.

Un electrocardiograma (en la imagen) puede controlar la gravedad de las extrasístoles

Cómo se diagnostican: el reto de registrar lo que ocurre en ese momento

Uno de los problemas de las extrasístoles es bastante curioso: pueden resultar muy molestas en casa y desaparecer justo cuando llegamos a la consulta.

Por eso, el diagnóstico comienza preguntando cómo son las sensaciones, cuánto duran, cuándo aparecen y qué estaba haciendo la persona en ese momento. También se revisan antecedentes, medicación, consumo de estimulantes y posibles enfermedades asociadas.

El electrocardiograma permite estudiar la actividad eléctrica del corazón, pero ofrece información correspondiente a un periodo muy corto. Si las extrasístoles son intermitentes, es posible que no aparezcan durante esos segundos.

Ahí adquiere especial importancia la monitorización ambulatoria, como el Holter, que registra el ritmo cardíaco durante periodos más prolongados. De este modo es posible cuantificar las extrasístoles y analizar sus características.

Dependiendo del paciente, pueden ser necesarias otras pruebas. Un ecocardiograma permite estudiar la estructura y función cardíaca. En determinados casos también pueden solicitarse análisis de sangre, una prueba de esfuerzo u otros estudios específicos.

«Registrar la alteración del ritmo y relacionarla con los síntomas es una parte esencial del estudio -explica el Dr. Peña-. Después debemos valorar si estamos ante un fenómeno aislado o si existe algún elemento que justifique ampliar las pruebas».

No todas las personas necesitan, por tanto, exactamente el mismo estudio.

Tratamiento de las extrasístoles: no siempre es necesario hacer algo

Recibir un diagnóstico de extrasístoles no significa necesariamente necesitar medicación. Cuando el estudio confirma que son benignas, no existe cardiopatía estructural relevante y los síntomas son escasos, puede ser suficiente con tranquilizar al paciente y realizar las recomendaciones que correspondan a su situación.

También puede resultar útil identificar posibles desencadenantes. Si una persona observa que las palpitaciones aparecen sistemáticamente tras consumir grandes cantidades de café o bebidas energéticas, dormir poco o beber alcohol, modificar esos hábitos puede ayudar.

Hay pacientes, sin embargo, en los que las extrasístoles son muy frecuentes o sintomáticas. En esos casos, el cardiólogo valorará individualmente la necesidad de tratamiento farmacológico u otras opciones.

En situaciones seleccionadas, especialmente ante determinadas extrasístoles ventriculares muy frecuentes, sintomáticas o asociadas a deterioro de la función cardíaca, puede plantearse un estudio electrofisiológico y procedimientos como la ablación con catéter.

La estrategia depende siempre del tipo de arritmia y del contexto clínico. «No tratamos únicamente un número de extrasístoles. Valoramos los síntomas, su origen, la carga arrítmica y, sobre todo, las características del corazón de cada paciente», resume el cardiólogo.

Esta individualización evita tanto restar importancia a situaciones que necesitan estudio como medicalizar fenómenos benignos que no requieren tratamiento.

Escuchar al corazón sin vivir pendiente de cada latido

Las extrasístoles tienen una peculiar capacidad para asustarnos. Basta un latido diferente para que nuestra atención se concentre inmediatamente en el pecho y empecemos a esperar el siguiente. En la mayoría de las personas con un corazón estructuralmente sano, las extrasístoles aisladas tienen un pronóstico favorable. Pero eso no convierte todas las palpitaciones en irrelevantes.

Si aparecen por primera vez de forma repetida, aumentan claramente, se producen durante el esfuerzo o están acompañadas de síntomas como síncope, dolor torácico o dificultad respiratoria, conviene realizar una valoración médica.

También es importante evitar el autodiagnóstico. Esa sensación de «salto» cardíaco puede corresponder a una extrasístole, pero las palpitaciones pueden estar producidas por diferentes alteraciones del ritmo y la forma de distinguirlas es registrarlas y estudiarlas.

Al final, el objetivo no es que una persona aprenda a interpretar cada latido. Es justamente lo contrario: saber cuándo una sensación puede ser banal, cuándo merece una consulta y, una vez estudiada correctamente, poder dejar de vivir pendiente del corazón.

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