Diabetes insípida, cuando las ganas de orinar esconden una enfermedad

Expulsar grandes cantidades de orina puede ser un síntoma de diabetes insípida

Las personas afectadas por la diabetes insípida expulsan grandes cantidades de orina diluida, enfrentándose cara a cara con las consecuencias de la deshidratación

Cuando se habla de diabetes, palabras como glucosa e insulina no tardan en venir a la mente. Pero existe otro tipo de diabetes que no guarda relación con los niveles de azúcar en sangre, sino con un desequilibrio de los líquidos en el cuerpo: la diabetes insípida.

Para comprender en qué consiste esta enfermedad es imprescindible conocer el papel que desempeñan los riñones, dos órganos encargados de filtrar la sangre. Mientras que gran parte del agua se reabsorbe y vuelve al torrente sanguíneo, una pequeña parte, la que contiene los desechos, se almacena en la vejiga para ser eliminada mediante la orina.

No obstante, puede darse el caso de que los riñones sean incapaces de concentrar la orina correctamente, lo que desemboca en la expulsión de una gran cantidad de orina diluida. Un fenómeno conocido como poliuria, que a su vez genera un incremento de la sed y, en consecuencia, del volumen de líquidos ingeridos por el paciente. Otro fenómeno conocido como polidipsia y que, junto con el anterior, conforman los dos principales síntomas de la diabetes insípida.

«La diabetes insípida se caracteriza por la excreción de grandes volúmenes de orina diluida. Las manifestaciones predominantes son la poliuria, la polidipsia y la nicturia», sintetiza Ana Sánchez Bao. La especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital San Rafael añade que «el volumen diario de orina es relativamente constante para cada paciente, pero es muy variable entre pacientes, oscilando entre tres y veinte litros al día».

Además de la necesidad imperiosa de levantarse para miccionar en medio de la noche, la preferencia por las bebidas frías y la palidez en la orina también pueden alertar a las personas que sufren esta patología, que nada tiene que ver con la diabetes mellitus.

Los peligros de la diabetes insípida

La orina de las personas que padecen diabetes insípida es, como acabamos de comprobar, muy diluida, puesto que presenta una concentración inferior a los 300 miliosmoles (mOsm) por kilogramo. Ahora bien, ¿entraña todo esto algún peligro para el paciente?

«La gravedad de cuadro de diabetes insípida es consecuencia de la presencia de dos factores. En primer lugar, la deshidratación, que ocurre si las pérdidas renales de agua no son compensadas con la ingesta de líquidos, y que puede conducir a hipotensión, daño renal y shock cardiogénico. En segundo lugar, el desequilibrio de iones, caracterizado por la hipernatremia cuando la diabetes insípida no es tratada o el tratamiento es insuficiente, y por la hiponatremia, cuando el tratamiento de rehidratación o de restitución hormonal es exagerado», explica la doctora Sánchez Bao.

A su vez, la deshidratación constante y la hipernatremia, una concentración muy elevada del sodio en la sangre, pueden aumentar el riesgo de trombosis. Con todo, esta no es una patología muy extendida, pues su incidencia ronda los 3 casos por cada 100.000 habitantes. Pero, ¿qué es lo que la desencadena?

La especialista en Endocrinología y Nutrición tiene la respuesta: «Ocurre con más frecuencia en pacientes sometidos a una intervención neuroquirúrgica del área hipotálamo-hipofisaria, donde alrededor del 20 % de los pacientes sometidos a este tipo de cirugía presentarán un cuadro de diabetes insípida, ya sea transitoria o permanente. Las formas congénitas constituyen un 10 % del total de los casos de diabetes insípida, y son fundamentalmente secundarias a defectos del receptor V2 en el riñón».

Diabetes insípida: ¿central o nefrogénica?

Existen dos grandes clases de diabetes insípida en función del problema que desencadena el aumento de la orina: la central y la nefrogénica. Y la hormona antidiurética, encargada de regular la concentración de la orina, desempeña un papel protagonista en ambas.

Conocida también como vasopresina de arginina, la hormona antidiurética (ADH) se produce en el hipotálamo y se almacena en la glándula pituitaria. En ocasiones, determinadas cirugías, lesiones o enfermedades pueden dañar estas áreas y alterar dicha producción y almacenamiento. Esto provoca una disminución de la secreción de esta hormona, causando poliuria y polidipsia y, por consiguiente, dando pie a la diabetes insípida central.

Sin embargo, el daño no siempre tiene por qué estar en el cerebro. A veces, los propios riñones son incapaces de responder de manera adecuada a esta hormona, desarrollando una resistencia a la ADH. Esto da lugar a la diabetes insípida nefrogénica que, como recopila Ana Sánchez Bao, puede observarse en patologías como «la insuficiencia renal crónica, la toxicidad por litio, la hipercalcemia, la hipopotasemia, la glucosuria y la enfermedad tubulointersticial».

El test de orina es una de las pruebas más eficaces para diagnosticar la diabetes insípida

¿Cómo diagnosticar la diabetes insípida?

El incremento de la sed y de las ganas de orinar son las dos principales señales de alarma asociadas a la diabetes insípida. Una enfermedad que podría provocar deshidratación si no se bebe lo suficiente como para compensar los líquidos perdidos, causando sequedad en la boca, fatiga e, incluso, problemas de elasticidad en la piel.

Si una persona sospecha que puede padecer esta afección, es primordial que acuda a la consulta de un profesional de la salud. Allí, el especialista realizará las pruebas pertinentes para confirmar el diagnóstico en el laboratorio y poder desarrollar un tratamiento adecuado.

Algunos de los exámenes más habituales son la recogida de orina de 24 horas para determinar el volumen urinario, las concentraciones séricas de electrolitos y nivel de glucosa, la osmolalidad plasmática y urinaria simultáneas, el nivel plasmático de hormona antidiurética y el nivel plasmático de copeptina.

Por otro lado, la doctora del Hospital San Rafael recalca que también se pueden poner en práctica estudios adicionales como «la prueba de deprivación de agua para garantizar una deshidratación adecuada y una estimulación máxima de la ADH o los estudios hipofisarios, incluyendo la resonancia magnética y la medición de hormonas hipofisarias circulantes distintas de la ADH».

La diabetes insípida y el embarazo

A pesar de que la diabetes insípida central y la diabetes insípida nefrogénica son las dos principales clases de diabetes insípida, existen otros dos tipos que pueden darse en circunstancias más excepcionales.

El primero de ellos, denominado diabetes insípida gestacional, se desarrolla durante el embarazo. «La placenta produce de forma proporcional a su tamaño unas enzimas vasopresinasas, las cuales degradan la ADH. Esto ocurre de forma significativa desde el segundo trimestre, pero es clínicamente más relevante en el tercer trimestre», explica la doctora Sánchez Bao.

Como los niveles de estas enzimas no se eliminan hasta cuatro o seis semanas después del parto, el organismo multiplica la producción de la hormona antidiurética, con el objetivo de mantener la homeostasis y prevenir cualquier problema. Pero algunas pacientes no logran regular estos niveles, y esta degradación de la ADH es la responsable de que las mujeres que tenían una diabetes insípida parcial previa debuten clínicamente durante el final de la gestación.

Por último, se halla la diabetes insípida dipsogénica. Esta es una clase de polidipsia primaria desencadenada por un daño en el mecanismo encargado de regular la sed, ubicado en el hipotálamo. Como la persona afectada bebe en exceso, expulsa grandes volúmenes de orina diluida.

El tratamiento de la diabetes insípida

No se ha encontrado una cura definitiva, de modo que los tratamientos recomendados por los médicos están orientados a mitigar los síntomas, disminuyendo la cantidad de orina y evitando complicaciones como la deshidratación.

«En los pacientes con diabetes insípida central, la desmopresina es el fármaco de elección. Este análogo sintético de la hormona antidiurética está disponible en preparaciones subcutáneas, intravenosas, intranasales y orales. En general, puede administrarse de dos a tres veces por día. Los pacientes pueden requerir hospitalización para establecer las necesidades de líquidos, y se recomienda la monitorización frecuente de electrolitos durante la fase inicial del tratamiento», sostiene la especialista en Endocrinología y Nutrición.

La supervisión por parte de los profesionales resulta vital, puesto que muchas personas continúan produciendo ADH, que varía de forma continua. Si las variaciones son muy acusadas, la administración de desmopresina debe adaptarse, dado que un exceso de este fármaco puede provocar retención de líquidos y un descenso preocupante de los niveles de sodio en la sangre.

Existen, además, otras alternativas a la desmopresina, como la vasopresina sintética o los agentes no hormonales como la clorpropramida, la carbamazepina, las tiazidas y los antiinflamatorios no esteroideos como la indometacina.

En el caso de la diabetes insípida nefrogénica, la desmopresina no surtirá ningún efecto. En su lugar, es frecuente que los doctores recomienden una dieta baja en sal, así como someterse a un tratamiento con hidroclorotiazida, que puede tener un efecto antidiurético.

«Dependiendo del tipo de diabetes insípida y de cada paciente debe individualizarse el tratamiento», resume Ana Sánchez Bao, y agrega que «se debe instruir a los pacientes en los principios simples del equilibrio hídrico para evitar la deshidratación y la intoxicación por agua».

Cuando se les da la mano a especialistas como los del Hospital San Rafael de A Coruña, disminuir las molestias y ahuyentar los riesgos asociados con la diabetes insípida no tiene por qué ser una misión imposible.

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