El mal aliento persistente es el principal síntoma del caseum amigdalar, una patología incómoda que tiene fácil solución en consulta
Quien tiene amígdalas tiene caseum amigdalar. Pero a la mayoría de nosotros nos pasa desapercibido. Para algunos, sin embargo, se convierte en un problema molesto y vergonzante, con mal aliento persistente a pesar de mantener una higiene bucal impecable.
El caseum amigdalar es el nombre técnico que se le da a las piedrecitas que se forman en las amígdalas y que, a veces, escupimos al toser. Son malolientes, son molestas y causan preocupación si no se conoce su origen. Sin embargo, no son motivo de alarma.
En este artículo, el doctor Miguel Mayo, especialista en Otorrinolaringología del Hospital San Rafael de A Coruña, no ayuda a conocer qué son exactamente estas piedras amigdalares, por qué aparecen y cómo se pueden eliminar de forma segura y permanente.
¿Qué es el caseum amigdalar?
El caseum amigdalar es la formación de pequeñas bolitas de color blanco o amarillento en las amígdalas. Se conoce también como piedras amigdalares, cálculos amigdalinos o tonsilolitos.
El principal y, a menudo, único síntoma del caseum es el mal aliento o halitosis. Muchas veces, los tonsilolitos no se ven a simple vista y son tan pequeños que no provocan molestias en la garganta, pero su mal olor se deja notar.
No hay que confundir el caseum amigdalar con la amigdalitis. Las placas en la garganta que pueden aparecer con la amigdalitis son acumulaciones de pus provocadas por una infección. En este caso, hay también dolor en la garganta, molestia al tragar y fiebre.
Los tonsilolitos, sin embargo, son calcificaciones benignas que no causan inflamación ni complicaciones de salud. Sí pueden ser extremadamente molestos por el mal olor y, en ocasiones, provocar una sensación de molestia que lleva a carraspear o toser.
¿Por qué se forman piedras en las amígdalas?
Las piedras amigdalares se forman por la calcificación de restos de alimentos, células muertas, moco y bacterias acumulados en las criptas de las amígdalas.
Las criptas son las hendiduras y recovecos de la superficie amigdalar cuya función es, precisamente, atrapar ese tipo de «deshechos» para proteger la garganta de infecciones.
En contra de lo que pueda parecer debido al mal aliento que provoca, el caseum amigdalar no se forma por una mala higiene bucal, sino por el estado de las amígdalas. Así lo explica el doctor Mayo: «Los tonsilolitos suelen producirse porque las amígdalas tienen demasiadas criptas o son más grandes de lo normal; es un problema habitualmente asociado a amígdalas que no han reducido su tamaño como deberían de la niñez a la edad adulta».

Las personas que tienden a respirar por la boca también tienen más probabilidad de desarrollar caseum amigdalar. Las partículas y microorganismos que, en la respiración nasal, filtra la nariz a través de la mucosa, los pelillos y los cilios, entran por la boca y son retenidos en las amígdalas. A mayor cantidad de residuos, más posibilidad de que se endurezcan con restos de calcio y formen cálculos amigdalinos.
La sinusitis y rinitis crónica también puede contribuir a la formación de caseum amigdalar al proporcionar un goteo constante de mucosidad hacia la garganta, lo que perpetuaría una inflamación crónica de las amígdalas e impediría su disminución de tamaño.
¿Qué ocurre si no se eliminan los tonsilolitos?
Los tonsilolitos o caseum amigdalar no son peligrosos para la salud, más allá de la posibilidad de causar algunas molestias al tragar, en casos poco frecuentes, cuando alcanzan cierto tamaño.
Normalmente, los tonsilolitos se desprenden de forma natural al toser o se deslizan hacia la garganta y los tragamos con la saliva sin darnos cuenta. A todos nos ha pasado alguna vez el encontrarnos con una piedrecita maloliente en la boca, tal vez tras carraspear o toser.
El caseum amigdalar esporádico es un fenómeno habitual que pasa desapercibido. El problema surge cuando su presencia es constante, con halitosis persistente, o cuando se desarrolla un tonsilolito gigante, de forma excepcional, que provoca dolor y dificultad para tragar.
En estos casos, es recomendable buscar tratamiento médico en la consulta del otorrinolaringólogo para eliminar los tonsilolitos y solucionar las molestias recurrentes y el mal aliento.
En ningún caso está asociada la presencia de tonsilolitos con el desarrollo de cáncer de amígdalas, de garganta o de ningún otro tipo. Es una condición molesta pero no maligna.
Cómo eliminar definitivamente el caseum amigdalar
El hecho de que el caseum amigdalar no cause problemas graves de salud no significa que no afecte a la calidad de vida de quienes lo padecen. La halitosis recurrente puede provocar ansiedad y aislamiento social y afectar negativamente al bienestar emocional.
Es innecesario sufrir estas consecuencias negativas cuando, en la mayoría de los casos, los tonsilolitos se pueden eliminar fácilmente en consulta.
El otorrinolaringólogo puede realizar una valoración en profundidad para determinar la condición particular de cada paciente. En función de la recurrencia y gravedad del caseum amigdalar, se pueden realizar diferentes tratamientos médicos para eliminar los cálculos amigdalinos:
- Extracción manual profesional: En consulta, el otorrinolaringólogo puede emplear herramientas para desprender suavemente los tonsilolitos de las amígdalas y retirarlos de forma segura e indolora.
- Criptolisis: Una solución poco invasiva y muy efectiva cuando las piedras amigdalares siguen reapareciendo. Mediante láser, radiofrecuencia o coblación, se «lija» la superficie de las amígdalas para reducir la profundidad de las criptas y disolver los cálculos acumulados.
- Amigdalectomía parcial: En los casos más severos, puede ser necesario extraer parte de las amígdalas para reducir su tamaño y eliminar por completo el caseum amigdalar. Hoy en día, la amigdalectomía en adultos se realiza con técnicas que reducen el sangrado y el dolor postoperatorio, como la radiofrecuencia, el láser o los bisturís piezoeléctrico o ultrasónico.
Existen otros métodos, como la crioterapia, poco habitual pero igualmente efectiva. En este caso, se eliminan los cálculos aplicando frío extremo, lo que hace que el tejido amigdalar se encoja, previniendo la reaparición de tonsilolitos.
La elección del tratamiento adecuado es esencial para eliminar definitivamente el caseum amigdalar sin perder la función inmunoprotectora de las amígdalas.
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