Los buenos hábitos y el estilo de vida saludable resultan claves para mejorar el bienestar de los pacientes que se enfrentan a la AOS
Dormir no es sinónimo de descansar. Todas las personas afectadas por la AOS, o apnea obstructiva del sueño, lo saben de primera mano. Pero, ¿en qué consiste realmente este trastorno?
«Fisiológicamente tenemos la capacidad de que nuestra vía aérea superior (VAS) no se colapse mientras dormimos, ya que disponemos de factores que lo impiden, como la musculatura dilatadora de la faringe y la ayuda de los centros respiratorios», explica Irene Nieto Codesido, especialista en Neumología del Hospital San Rafael de A Coruña.
Sin embargo, en los pacientes con AOS esta vía tiende a cerrarse durante el sueño. Una obstrucción causada debido a un desequilibrio entre las fuerzas que tienden a mantener el conducto abierto y las fuerzas que tienden a mantenerlo cerrado, como los factores anatómicos.
Cuando las segundas se imponen en esta lucha, la vía se colapsa, produciéndose un cese de la respiración durante más de diez segundos. Si el cierre es superior al 90 % recibe el nombre de apnea, mientras que si se encuentra entre el 30 % y el 90 % se denomina hipopnea.
«Esta situación se mantiene hasta que se produce un microdespertar, que provoca la reapertura de la VAS al activarse de nuevo la musculatura de la misma con su sucesiva disminución de los niveles de oxígeno en sangre», describe la doctora.
Los principales factores de riesgo de la AOS
La alta prevalencia de la apnea obstructiva del sueño, que puede llegar a afectar hasta al 30 % de la población, la ha convertido en uno de los trastornos del sueño más comunes. Pero no todo el mundo tiene las mismas probabilidades de enfrentarse a la AOS.
Las personas con sobrepeso y obesidad, por ejemplo, tienen un mayor porcentaje de grasa en el cuello, susceptible de obstruir sus vías respiratorias. Si se discrimina por edades, esta afección es más habitual en los adultos mayores. Y si se divide a la población según su género, se observará que los hombres son más proclives a padecer AOS, aunque ellas también pueden verse afectadas, sobre todo tras la menopausia.
La anatomía desempeña un papel crítico, puesto que existen ciertas características físicas que pueden incrementar el nivel de riesgo, como una mandíbula inferior pequeña, un cuello grueso o unas amígdalas agrandadas. Y siempre es conveniente echar la vista atrás: si en la familia hay antecedentes de AOS, el riesgo de sufrir este trastorno crece de forma considerable.
El alcohol y el tabaco relajan los músculos de la vía aérea superior. Por eso, un consumo excesivo de estas sustancias podría elevar las posibilidades de sufrir AOS. Por su parte, el uso de medicamentos sedantes también contribuye a la relajación de estos músculos, agravando el problema.
Por último, no se deben descuidar el resto de condiciones médicas que afectan al paciente, ya que la AOS está asociada con patologías como la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.
¿Cómo identificar la AOS?
No todas las personas que conviven con la AOS son conscientes de ello. Especialmente en los estadios más leves. De todos modos, existen una serie de indicios que pueden dar la voz de alarma.
Los ronquidos, las pausas en la respiración durante el sueño, los despertares con sensación de ahogo por las noches, un sueño no reparador, el insomnio, la somnolencia o la tendencia inapropiada al sueño durante el día, el dolor de cabeza por las mañanas, la necesidad de levantarse al cuarto de baño varias veces por la noche, la dificultad para concentrarse, la pérdida de apetito sexual, la ansiedad o la depresión, la presencia de factores de riesgo…
Estas son algunas de las manifestaciones de la AOS que pueden servir como alerta. Y, como advierte Irene Nieto, es recomendable «consultar con el médico si se experimenta alguno de los síntomas más frecuentes».
Ahora bien, ¿cómo confirman o descartan la AOS los profesionales de la salud?
Para diagnosticar este trastorno se lleva a cabo un estudio de sueño, que permite analizar los eventos respiratorios de una persona mientras está dormida. Hay dos métodos para ponerlo en práctica: la polisomnografía y la poligrafía respiratoria. Ambos examinan las variables respiratorias y cardíacas, pero el segundo no mide los parámetros neurofisiológicos, de ahí que pueda efectuarse en el domicilio del paciente. La elección entre uno y otro depende tanto del tipo de paciente como de la probabilidad clínica.
Los tres tipos de apnea del sueño
La AOS es el tipo más común de apnea del sueño. Pero no el único. Existen otros dos trastornos muy similares: la apnea del sueño central (ASC) y la apnea mixta del sueño. Y es crucial conocer las diferencias entre los tres.
- La apnea del sueño central se origina debido a la falta de señales cerebrales que controlan la respiración durante el sueño. A diferencia de la AOS, los músculos no están obstruidos, sino que el problema proviene directamente del cerebro, que no envía las señales adecuadas para respirar. Es la clase menos común, y puede estar relacionada con otros problemas médicos, como la insuficiencia cardíaca o distintas enfermedades neurológicas.
- La apnea mixta del sueño es una combinación entre la AOS y la ASC. Las personas que padecen este trastorno sufren embestidas desde los dos frentes: no solo se encuentran con dificultades para respirar debido a la ausencia de señales cerebrales, sino que también experimentan una obstrucción de las vías respiratorias.
No obstante, la incidencia es estas dos patologías es mucho más puntual. La gran mayoría de personas con apnea del sueño suelen sufrir apnea obstructiva del sueño.

¿Cómo de grave es la AOS?
«Un número elevado de apneas-hipopneas por hora puede dar lugar a una intensa sintomatología que disminuye la calidad de vida diaria de los pacientes, pero también constituye una serie de factores de riesgo para el desarrollo de diversas entidades», recalca la doctora Nieto.
Por regla general, los peligros derivados de la AOS se deben a tres razones: la hipoxia intermitente (una disminución de los niveles de oxígeno en sangre), la fragmentación del sueño y los cambios de la presión intratorácica.
Para comenzar, la AOS incrementa de manera notable el riesgo de verse involucrado en accidentes laborales o de tráfico. De hecho, como menciona la médico del Hospital San Rafael, una AOS «sin tratamiento es un motivo de no renovación del carné de conducir».
Este trastorno repercute en el sistema cardiovascular, pues está asociado a la hipertensión arterial, a la diabetes tipo 2, a las enfermedades coronarias y a las arritmias e insuficiencias cardíacas, aumentando su mortalidad. El sistema cerebrovascular tampoco está exento de riesgo: la AOS acelera el deterioro funcional y cognitivo, favorece la depresión y eleva considerablemente las posibilidades de sufrir un ictus. Y, en los estadios más graves, este síndrome se asocia a un mayor riesgo de incidencia y mortalidad por cáncer.
En lo que respecta a la gravedad, las guías de práctica clínica han establecido diferentes parámetros para valorar el nivel de peligro de la AOS.
El índice de apnea-hipopnea (IAH) se calcula dividiendo todos los episodios ocurridos durante la noche entre las horas de sueño. El resultado de esta operación es la cantidad de eventos respiratorios que se producen cada hora. Cuanto mayor sea la cifra, mayor será la gravedad.
Los especialistas también tienen en cuenta los niveles de oxígeno, el nivel de somnolencia diurna (medido mediante la escala de Epworth), el índice de masa corporal y la presencia de factores cardiovasculares o cerebrovasculares, entre los que se encuentran la hipertensión arterial, la dislipemia, la diabetes tipo 2, la cardiopatía isquémica, las arritmias cardíacas, la enfermedad cerebrovascular o la insuficiencia cardíaca.
Los principales tratamientos de la AOS
Hay un amplio abanico de tratamientos destinados a resolver los síntomas y las consecuencias de la AOS. Y, como recuerda Irene Nieto, estas alternativas «no son excluyentes y se pueden complementar entre sí».
En primer lugar, se suele recomendar a los pacientes que tomen medidas higiénico-dietéticas. Es decir, que tengan un horario regular de sueño, que duerman en un ambiente relajado, que eviten cenas copiosas, que no realicen ejercicio físico intenso antes de acostarse, que se abstengan de usar dispositivos electrónicos en la cama…
Con estos buenos hábitos como base, es el momento de tratar las entidades asociadas reversibles como la obesidad, el hipotiroidismo, el reflujo gastroesofágico, la hipertrofia amigdalar III/IV o alteraciones dentofaciales graves.
El tratamiento con CPAP
«El tratamiento con CPAP es el tratamiento de elección en la mayoría de los pacientes», indica la doctora Nieto, y añade que este es «un dispositivo que genera, a través de una mascarilla nasal o nasobucal, una presión positiva continua en las vías respiratorias y evita así su colapso».
Un tratamiento vigilado estrechamente por un especialista en Neumología y cuya indicación depende de factores como el número de apneas-hipopneas por hora, la presencia de una somnolencia diurna excesiva (con una puntuación superior a 10 en la escala de Epworth) o alteraciones de la calidad de vida relacionadas con la hipertensión arterial.
Para que esta técnica surta efecto, es primordial hacer un uso correcto de la máquina de CPAP. Idealmente, este dispositivo debería emplearse alrededor de seis horas cada noche, aunque el mínimo está situado en cuatro horas.
«Es importante tener paciencia en el inicio de la terapia e ir adaptándose a la máquina de forma progresiva, comentándole al neumólogo los problemas que vayan surgiendo, con el fin de solucionarlos y garantizar una correcta adhesión», afirma la doctora del Hospital San Rafael de A Coruña.
Los tratamientos alternativos
Hay casos en los que el tratamiento con CPAP no está indicado, o simplemente los pacientes con AOS no desean utilizar la máscara. Entonces es posible explorar otras terapias alternativas de manera individualizada, como los dispositivos de avance mandibular, el tratamiento posicional o la cirugía.
El tratamiento quirúrgico, por ejemplo, es realizado por especialistas en Otorrinolaringología y Cirugía Maxilofacial. La elección de la técnica está condicionada por los hallazgos exploratorios y diagnósticos, pero la endoscopia mediante sedación inducida (DISE) suele ser una de las más útiles.
Irene Nieto subraya que «es frecuente que se precise una cirugía multinivel, ya que es habitual que cada paciente presente obstrucciones de la VAS a distintos niveles» y agrega que la cirugía «se valora en pacientes con alteraciones dentofaciales graves o hipertrofia amigdalar grave, así como en casos de intolerancia a la CPAP».
Por otro lado, los dispositivos de avance mandibular (DAM) se recomiendan a pacientes que no se adaptan a la máscara de CPAP o que, padeciendo una AOS leve o moderada, no tienen indicación de los tratamientos anteriores y se hallan limitados por los síntomas o los ronquidos. Estos dispositivos son fabricados a medida para cada persona, y el odontólogo es el profesional que está a cargo del seguimiento.
¿Pueden los buenos hábitos curar la AOS?
Independientemente de que se haya iniciado o no un tratamiento para la AOS, jamás se debe desdeñar el papel que desempeña el estilo de vida. Su rol, como asegura la doctora Nieto, es decisivo: «Corregir los hábitos de vida es fundamental y pueden llegar incluso a curar la enfermedad».
Todos los pacientes con AOS deberían abandonar el tabaco y evitar el consumo de alcohol o la ingesta de grandes cantidades de comida antes de acostarse. También hay que alejarse, en la medida de lo posible, de los fármacos sedantes. Y, aunque es bueno realizar ejercicio físico con frecuencia durante el día, hay que abstenerse de practicarlo justo antes ir a dormir.
Otro de los consejos más repetidos es utilizar la cama con un único objetivo: dormir. El uso de los dispositivos electrónicos, por tanto, debería estar prohibido en este espacio. Para finalizar, es aconsejable mantener un horario de sueño regular, creando una atmósfera relajada y adecuada en la habitación.
«Es esencial estar atento a los síntomas y factores de riesgo, y buscar atención médica si crees que puedes tener apnea obstructiva del sueño, ya que el diagnóstico y tratamiento adecuados pueden mejorar la calidad de vida y prevenir problemas de salud a largo plazo», concluye la especialista en Neumología.
Con la incorporación de los buenos hábitos y la terapia coordinada por profesionales como los del Hospital San Rafael de A Coruña, los pacientes con AOS podrán experimentar una mejoría radical en su calidad de vida y, sobre todo, su calidad de sueño.
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