Síntomas de la menopausia: cuáles son y cómo aliviarlos

La doctora Begoña Cid trata los síntomas de la menopausia en el Hospital San Rafael de A Coruña

Los sofocos, la disfunción sexual, los cambios de humor y las alteraciones en el sueño son algunos de los síntomas de la menopausia más habituales

En la vida hay una serie de acontecimientos ineludibles. Pase lo que pase, la certeza de que van a llegar es absoluta. En el caso de las mujeres, la menstruación es uno de ellos. Tanto su inicio como su fin. Y estar al tanto de los síntomas de la menopausia es crucial para reconocerlos tan pronto se presentan y así tratar de paliar las molestias.

La menopausia se diagnostica cuando la mujer está un año sin regla. La edad media a la que aparece se sitúa en los 51 años, pero este proceso puede tener lugar entre los 45 y los 55.

«La menopausia es un proceso natural en la vida de la mujer, que se caracteriza por el cese permanente de la menstruación. Durante esta etapa los ovarios cesan paulatinamente su función, no hay ovulación ni producción de estrógenos y progesterona, y no hay posibilidad de embarazo», explica Begoña Cid, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital San Rafael de A Coruña.

Este déficit de estrógenos puede dar lugar a una amplia variedad de síntomas, que difieren tanto en la tipología como en la intensidad y la duración. En otras palabras, los síntomas de la menopausia no afectan de la misma manera a todas las mujeres.

Algunas apenas experimentan ningún malestar. Otras sufren manifestaciones leves y tolerables. Y otras tienen que hacer frente a molestias intensas e incómodas, que repercuten directamente en su calidad de vida. Del mismo modo, en algunas los síntomas de la menopausia tan solo duran unos meses. Y otras los padecen durante años, incluso desde antes del propio diagnóstico.

Los sofocos, los más populares de entre todos los síntomas de la menopausia

Cuando se piensa en los síntomas de la menopausia, la mente de la mayoría de personas se va a uno en concreto: los sofocos.

«El sofoco es el síntoma más frecuente en la transición hacia la menopausia. Se caracteriza por una sensación de calor intenso que no es provocado por una fuente externa. Los sofocos comienzan generalmente con una sensación repentina de calor en la mitad superior del cuerpo: cara, cuello, pecho o espalda, aunque puede extenderse a todo el cuerpo», describe la doctora Cid.

Este fenómeno desencadena una serie de efectos en el organismo. La piel se enrojece, como si la persona se estuviera ruborizando. Se comienza a sudar, y si se pierde demasiado calor corporal podrían aparecer escalofríos. El ritmo cardíaco se acelera e, incluso, podría venir acompañado de una sensación de ansiedad.

De media, la especialista en Ginecología señala que «los sofocos suelen persistir unos siete años, aunque en algunos casos pueden durar más de diez años».

Pero nuevamente, los sofocos pueden ser muy diferentes en función de cada mujer. Algunas tan solo sufren uno o dos en todo el día, mientras que otras se enfrentan a varios cada hora. La duración tampoco es estándar: algunos se limitan a unos segundos y otros se mantienen durante varios minutos. Y en algunos casos son muy comunes durante la noche, provocando sudores nocturnos e interrumpiendo el sueño.

Si bien no son una señal de alarma ni deben suscitar preocupación, es aconsejable acudir a la consulta médica si afectan negativamente al sueño o a las actividades cotidianas, con el fin de valorar las distintas opciones de tratamiento disponibles.

Por regla general, para mitigar estos síntomas de la menopausia se recomienda evitar el tabaco, la cafeína, el alcohol y los alimentos picantes, así como reducir el estrés y mantenerse alejada de climas o ambientes calurosos.

Otros síntomas de la menopausia

Se calcula que el 70 % de las mujeres va a presentar sofocos durante esta etapa. Pero hay muchos otros síntomas de la menopausia no tan conocidos que es importante tener presentes.

La disfunción sexual es una de ellos. Begoña Cid recuerda que «la menopausia no es el fin de la sexualidad femenina, se puede seguir siendo activa», pero advierte que «se van a experimentar una serie de cambios secundarios al déficit hormonal». Cambios como la sequedad vaginal y el descenso de la libido.

La disminución de la producción de hormonas conlleva un adelgazamiento del epitelio vaginal, que pierde elasticidad y disminuye la lubricación. Esta sequedad podría traducirse en dolor durante las relaciones sexuales. Un dolor tan molesto que podría llegar a imposibilitarlas.

Para combatirlo, es posible recurrir a lubricantes y cremas con ácido hialurónico u hormonas que actúan tópicamente en vagina. En los últimos tiempos han aparecido nuevos tratamientos como el láser vaginal, que contribuyen a la restauración más rápida de la elasticidad y el trofismo vaginal.

También es fundamental mencionar las repercusiones psicológicas, otro de los principales síntomas de la menopausia. No es extraño que las mujeres se enfrenten a constantes cambios de humor, sintiendo ira, euforia o tristeza sin motivo aparente. Asimismo, los cambios hormonales pueden producir pérdida de memoria, bajada de la autoestima y alteraciones en el sueño.

«Para controlar estos síntomas emocionales se aconsejan técnicas que reduzcan el estrés, ejercicio físico regular, alimentación saludable, evitar el tabaco y el alcohol, vida social activa, aficiones y dormir bien», sostiene la doctora del Hospital San Rafael de A Coruña.

Cómo afecta la menopausia a la salud

El descenso en los niveles de las hormonas femeninas no solo trae consigo los síntomas de la menopausia. También acrecienta el riesgo de desarrollar una serie de patologías, entre las que se hallan la incontinencia urinaria, la osteoporosis o las enfermedades cardiovasculares.

A medida que los tejidos de la vagina y de la uretra pierden elasticidad, las mujeres pueden comenzar a experimentar con frecuencia una necesidad repentina de orinar. Esto puede acarrear pérdidas involuntarias de orina (incontinencia urinaria por urgencia) o pérdidas de orina al realizar movimientos como toser, reír o levantarse (incontinencia urinaria por esfuerzo). Al mismo tiempo, se multiplica la probabilidad de sufrir una infección de orina.

«El fortalecimiento de los músculos del suelo pélvico con ejercicios de Kegel y el uso de estrógeno vaginal tópico pueden ayudar a aliviar los síntomas de incontinencia. La terapia hormonal tópica también puede ser una opción de tratamiento eficaz para los cambios vaginales y de las vías urinarias», asegura la doctora Cid.

Los años posteriores a la llegada de la menopausia también se acelera la pérdida de densidad ósea, lo que dispara el riesgo de osteoporosis. Si hay osteoporosis, los huesos se vuelven más frágiles, incrementando el riesgo de que se produzcan microfracturas o fracturas en la columna vertebral, caderas y muñecas.

El especialista valorará la conveniencia de llevar a cabo una densitometría ósea en función de los antecedentes familiares, los factores de riesgo y la existencia de fracturas previas.

El déficit de estrógenos conlleva, además, un incremento del colesterol, así como un mayor riesgo de hipertensión y diabetes. ¿El motivo? Estas hormonas ayudan a mantener las arterias limpias, ejerciendo un efecto positivo en los niveles de colesterol en sangre. En consecuencia, un descenso en la producción eleva los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares, que ya se han convertido en la principal causa de muerte.

Por último, cabe mencionar que la menopausia también favorece la sequedad de la piel, que se vuelve más fina, sensible y seca debido a la disminución de su grosor y del colágeno cutáneo.

Los sofocos son uno de los síntomas de la menopausia más frecuentes

Cómo evitar aumentar de peso durante esta etapa

«Con frecuencia, el aumento de peso empieza algunos años antes de la menopausia, durante el período que se conoce como perimenopausia. El aumento de peso continúa a un ritmo de medio kilo al año, a medida que la mujer avanza desde los 50 hasta los 60 años», detalla la especialista en Ginecología.

Una de las principales razones de este incremento son los cambios hormonales producidos durante la menopausia, que elevan las probabilidades de aumentar de peso en zonas como el abdomen, en lugar de en las caderas y los muslos. Pero esta no es una partida de un solo jugador: también influyen los factores genéticos, el envejecimiento y el estilo de vida.

Un exceso de peso puede dar pie a problemas para respirar, enfermedades cardíacas y cardiovasculares, diabetes tipo 2 y un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama, colon o endometrio. Por eso es tan importante contrarrestarlo.

Una de las recomendaciones más repetidas es la práctica de ejercicio aeróbico, que fortalece la musculatura, favorece la quema de calorías y facilita el control del peso. A su vez, es conveniente disminuir la ingesta, tal y como indica Begoña Cid: «Es posible que se necesiten 200 calorías menos al día que cuando se tenían 30 o 40 años. Esta reducción de las calorías no debe perjudicar la nutrición, se aconseja una dieta mediterránea o la ayuda de un nutricionista».

La terapia hormonal empleada para combatir los sofocos también puede resultar eficaz a la hora de redistribuir la grasa visceral, aquella que se acumula alrededor del abdomen. Este tratamiento mejora notablemente la calidad del sueño, lo que se traduce en cambios más saludables en el estilo de vida y en una mejor gestión del peso.

Un giro de timón en el estilo de vida

El deporte y la alimentación, como mencionábamos anteriormente, son dos armas muy efectivas para contrarrestar los síntomas de la menopausia, mantenerse en un peso ideal y mejorar el bienestar de las mujeres.

Para comenzar, es posible combinar tres tipos de ejercicios, que se deben poner en práctica de manera regular durante un mínimo de 30 minutos diarios:

  • Caminar a paso ligero, correr, nadar, jugar al pádel o subir escaleras, que ayuda a preservar la densidad ósea.
  • Utilizar máquinas cardiovasculares, que favorecen la circulación y el control de la frecuencia cardíaca.
  • Realizar ejercicios de flexibilidad y concentración como el yoga o el pilates, que mantienen la estabilidad y la movilidad articular.

Por otra parte, los especialistas recomiendan beber de 1,5 a 2 litros de agua diarios para evitar la deshidratación, abstenerse del tabaco y del alcohol, reducir la cantidad de grasas y sal en la dieta, consumir frutas y verduras con asiduidad y asegurarse de recibir las necesidades diarias de calcio.

Cuando se presentan los síntomas de la menopausia, estas últimas ascienden hasta los 1500 mg diarios. Una cantidad que equivaldría, aproximadamente, a cuatro raciones de leche o derivados lácteos. Pero el calcio también se puede hallar en cereales integrales, en frutos secos y semillas (como el sésamo o las pipas de calabaza y girasol), en verduras verdes (como el brócoli, las espinacas o las acelgas) y en pequeños peces con espinas (como las sardinas).

La doctora Cid recalca que «para asegurar que el calcio se absorbe por completo y se deposita en los huesos, se debe combinar con alimentos ricos en vitamina D, presente en el pescado azul, los huevos y el arroz integral».

No obstante, la dieta no basta para adquirir las cantidades necesarias de vitamina D. Por eso, debe combinarse con una exposición al sol diaria de entre 15 y 20 minutos, tanto en la cara como en los brazos, haciendo ejercicio y paseando al aire libre siempre que sea posible.

¿Es eficaz la terapia hormonal contra los síntomas de la menopausia?

«Durante la menopausia se producen una serie de cambios físicos y psicológicos. Se necesita un tiempo para adaptarse a esta nueva etapa, para comprender los cambios en nuestro cuerpo y aceptarlos», afirma la doctora del Hospital San Rafael, y añade que «estos cambios no implican un empeoramiento en la calidad de vida de la mujer, que incluso puede mejorar».

A fin de cuentas, la menopausia no es una enfermedad, sino una etapa natural de la vida. Y, como tal, no requiere ningún tratamiento médico. No debería tratarse con fármacos, a menos que sea necesario.

Los tratamientos disponibles a día de hoy están enfocados a aliviar los síntomas de la menopausia y prevenir los trastornos crónicos que pueden aparecer con el envejecimiento. La terapia hormonal sustitutiva es uno de los más populares.

Esta está indicada cuando los síntomas de la menopausia son tan intensos que alteran la calidad de vida. La THS logra reducir los sofocos del 50 al 100 % en las primeras cuatro semanas, y presenta efectos positivos sobre el humor y la conducta. Pero la administración de estrógenos puede llegar a ser perjudicial para la salud.

Uno de sus principales efectos secundarios es el incremento del riesgo de cáncer de mama, ictus o tromboembolismo. Por este motivo, es crítico emplear tan solo la dosis mínima eficaz y limitar la duración del tratamiento, evitando usarlo como antidepresivo o para mejorar la memoria o las habilidades cognitivas.

«Cualquier paciente es candidata a recibir THS de forma preventiva, pero se debe individualizar cada caso, y la paciente debe participar con el médico en la decisión de tratarse o no», agrega Begoña Cid, que alerta que este tratamiento «puede ser incluso perjudicial cuando se inicia por encima de los 65 años».

¿Y qué hay de la menopausia precoz?

No es posible hablar de los síntomas de la menopausia sin mencionar la menopausia precoz. En este caso, el cese permanente de la menstruación aparece antes de los 40 años. Se produce porque los ovarios ya no liberan óvulos de forma regular y dejan de producir las hormonas sexuales.

A pesar de que en el 70 % de ocasiones no se logra identificar la causa, los especialistas suelen realizar una analítica sanguínea para tratar de identificar el origen.

En la actualidad, se cree que pueden ejercer influencia los antecedentes familiares, las anomalías genéticas (como el síndrome de Turner, los trastornos asociados a la presencia de un cromosoma Y o el síndrome de X frágil), las enfermedades autoinmunes o los trastornos metabólicos, la quimioterapia o la radioterapia por un cáncer, la extirpación quirúrgica de ambos ovarios o el tabaco (la menopausia suele presentarse entre 2 y 5 años antes en las mujeres fumadoras).

«La menopausia prematura no implica que una mujer esté envejeciendo prematuramente. Solo significa que sus ovarios ya no funcionan con normalidad», precisa Begoña Cid, que indica que en estos casos se aconseja la terapia hormonal sustitutiva hasta los 51 años y que esto no cierra la puerta a la posibilidad de tener hijos, ya que «las mujeres con menopausia precoz pueden someterse a tratamientos de reproducción para quedarse embarazadas».

Nuevamente, algunas mujeres con menopausia precoz apenas presentan manifestaciones, más allá de la ausencia de menstruación. Otras, sin embargo, presentan el cuadro típico de síntomas de la menopausia, y pueden recurrir a las mismas recomendaciones para tratar de aliviarlos.