Qué son las mamas fibroquísticas y qué peligro entrañan

La doctora Cristina Varela es especialista en el diagnóstico de las mamas fibroquísticas

Más de la mitad de las mujeres pueden desarrollar mamas fibroquísticas, una condición caracterizada por el engrosamiento del tejido mamario y la aparición de quistes

Lo primero que debe saber una mujer con mamas fibroquísticas es que no padece ninguna enfermedad. Es cierto que, en el pasado, esta afección recibía el nombre de enfermedad fibroquística. Pero a día de hoy esta condición, cuyos rasgos definitorios son la fibrosis (un engrosamiento del tejido mamario) y la presencia de quistes, ya no se considera una patología.

A pesar de ello, miles de mujeres se preguntan si las mamas fibroquísticas representan algún peligro para la salud y buscan la forma de aliviar sus síntomas, que podrían llegar a causar bastantes molestias.

«Los cambios de la mama fibroquística suelen ocurrir en mujeres entre los 30 y 50 años de edad. Estos cambios ocurren raramente después de la menopausia, salvo que se esté tomando tratamiento de reemplazo hormonal como estrógenos o progesterona», indica Cristina Varela, especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo.

Esta es una condición muy frecuente: se calcula que las mamas fibroquísticas pueden afectar a más del 50 % de las mujeres. Ahora bien, ¿por qué se desarrollan? Si bien todavía no se conoce la causa exacta de su aparición, se ha comprobado que las hormonas desempeñan un papel fundamental.

«La fluctuación de los niveles hormonales durante el ciclo menstrual provoca molestias y zonas nodulares en el tejido mamario que se sienten sensibles», asegura la doctora del Hospital San Rafael de A Coruña.

Los síntomas más comunes de las mamas fibroquísticas

Conocer las diferentes manifestaciones que pueden alertar de la presencia de las mamas fibroquísticas es crucial para identificarlas cuanto antes, acudir al médico para recibir un diagnóstico y, en caso de que sea necesario, iniciar un tratamiento.

Los principales síntomas de las mamas fibroquísticas son:

  • La existencia de nódulos mamarios o áreas de engrosamiento que se mezclan con el tejido mamario que las rodea.
  • Un dolor de mamas generalizado o, en los cuadros más leves, una especie de molestia o sensibilidad. Generalmente, esto es más frecuente en los cuadrantes externos de las mamas.
  • Una sensación de hinchazón en las mamas, que se sienten llenas.
  • El cambio de tamaño de los nódulos mamarios en función de los ciclos menstruales.
  • Una mayor modularidad o dolor de las mamas desde la mitad del ciclo (ovulación) hasta antes del período menstrual (cuando comienza a mejorar levemente).
  • Una secreción de color verde o marrón oscuro por el pezón, sin presencia de sangre.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la sintomatología no durará toda la vida. Por regla general, las manifestaciones suelen atenuarse con la llegada de la menopausia, es decir, cuando disminuye notablemente la producción de hormonas. A excepción de aquellas mujeres que siguen una terapia hormonal. Estas, como vimos anteriormente, podrían continuar experimentando las molestias.

¿Son peligrosas las mamas fibroquísticas?

Multitud de mujeres pueden sentir preocupación al descubrir estos síntomas e, incluso, percibir la sombra acechante del cáncer de mama. Pero, ¿cuál es el peligro real de las mamas fibroquísticas?

«Tener mamas fibroquísticas no aumenta el riesgo de padecer cáncer mamario», asegura Cristina Varela. No obstante, la doctora recuerda que «la presencia de fibrosis y quistes puede hacer que la detección de cáncer de mama sea más complicada».

En definitiva, tener mamas fibroquísticas no implica un aumento de las probabilidades de desarrollar este tipo de cáncer. Pero sí que existe cierta relación entre ambos, en tanto en cuanto pueden suponer un obstáculo para la detección. Por eso es conveniente que todas las mujeres afectadas tomen las medidas oportunas para impedirlo.

Para combatir este retraso en el diagnóstico, la especialista en Cirugía General recomienda «hacer el seguimiento habitual para screening/cribado de cáncer de mama según la edad de la paciente y los antecedentes personales o familiares. En este caso, se individualizarán las pruebas: mamografía, ecografía, resonancia magnética…».

¿Y qué factores de riesgo hay que tener presentes?

Si bien no se ha identificado una causa concreta, los investigadores han logrado detectar una serie de factores de riesgo que podrían propiciar los cambios fibroquísticos.

Uno de los más comunes es el no haber tenido hijos o haber dado a luz en una edad avanzada, es decir, haber tenido una maternidad tardía. La obesidad, por su parte, es otro de los factores que pueden contribuir a aumentar las probabilidades de desarrollar mamas fibroquísticas.

La dieta también se erige como un pilar esencial. Un consumo elevado de grasas de origen animal, de alimentos ricos en sal y de metilxantinas (un grupo de estimulantes del sistema nervioso central, como la cafeína o la teofilina, que se hallan en el café, el té, las nueces, el chocolate o algunos refrescos) está asociado con un mayor riesgo de sufrir esta condición.

El tratamiento de las mamas fibroquísticas

Los doctores pueden confirmar las mamas fibroquísticas mediante un examen clínico, palpando las mamas para comprobar si hay bultos o tejidos mamarios inusuales. Si encuentran algo sospechoso pueden llevar a cabo una mamografía o una ecografía, con el fin de obtener imágenes fiables de las mamas por radiografía o por ondas sonoras.

Pero, ¿qué tratamientos suelen recomendar los especialistas tras el diagnóstico? Cabe recordar que las mamas fibroquísticas no son una enfermedad. Por tanto, como apunta la doctora Varela, esta condición «no suele requerir un tratamiento específico, salvo para las pacientes sintomáticas».

Si las afectadas experimentan malestar, existen varios tratamientos médicos orientados a mejorar la clínica y la sintomatología. Los más populares son las cremas tópicas y la medicación oral a base de hormonas. De todos modos, ambos deben individualizarse a las circunstancias y necesidades de cada paciente.

La medicina alternativa también podría resultar eficaz. El aceite de onagra puede cambiar el equilibrio de ácidos grasos en las células, lo que contribuye a reducir el dolor mamario. Y diversos estudios han demostrado que algunas personas podrían notar una mejoría en los síntomas gracias a los suplementos de vitamina E.

Por otra parte, es aconsejable implementar cambios en el estilo de vida, como usar sujetadores deportivos o sin aros durante el deporte. Así como cambios en la alimentación, como reducir el consumo de grasas y evitar todo lo posible las metilxantinas.

Si los síntomas son muy dolorosos o los médicos tienen dudas acerca de la naturaleza de los quistes podría ser necesario efectuar una biopsia, extrayendo una muestra del tejido mamario para someterla a un análisis con el microscopio. Y en los casos más severos puede realizarse una exéresis de las lesiones, extrayendo los quistes mediante la aspiración con una aguja fina o mediante cirugía.

¿Cuándo consultar de nuevo al médico?

La mayoría de mujeres con mamas fibroquísticas conviven con ellas con total normalidad. Con todo, con el paso del tiempo podrían aparecer algunos cambios que despertasen la preocupación. Si esto ocurre, lo más recomendable es acudir nuevamente a la consulta médica para comprobar que todo está en orden.

«Deberías acudir a un médico si descubres un nuevo o recurrente nódulo, una zona de gran firmeza en la mama, cambios en la piel (como retracción, piel de naranja o una zona con aumento de calor local), secreción sanguinolenta por el pezón, si los cambios de las mamas continúan más allá del período menstrual o si el dolor es continuo o empeora», advierte Cristina Varela.

Los especialistas podrán valorar la situación y determinar si realmente existe algún riesgo para la salud. Además, decidirán si es necesario iniciar o modificar el tratamiento de las mamas fibroquísticas para garantizar el bienestar de las pacientes.