Otitis de piscina: qué hacer si aparece

Un joven con otitis de piscina se sacude los oídos

El verano favorece la otitis de piscina por la humedad y el agua retenida en el oído. Descubre sus síntomas, tratamiento, prevención y cuándo acudir al especialista

El verano tiene un sonido muy característico. El de las olas rompiendo en la orilla, las risas en la piscina y los niños saltando una y otra vez al agua. Pero hay otro sonido mucho menos agradable que también se repite cada año: el de quienes, después de un día de baño, empiezan a notar un dolor intenso en el oído. Es entonces cuando aparece una de las consultas más frecuentes de la temporada estival: la otitis de piscina.

Una infección mucho más habitual de lo que imaginamos y, aunque en la mayoría de los casos tiene una buena evolución, puede convertir unos días de descanso en una experiencia realmente incómoda si no se trata a tiempo.

Basta imaginar una escena muy habitual. Un niño pasa toda la tarde entrando y saliendo del agua. Al día siguiente comenta que le molesta un poco el oído. Horas más tarde, el dolor aumenta, apenas soporta que le toquen la oreja y empieza a dormir mal. También puede ocurrirle a un adulto que nada con frecuencia o practica deportes acuáticos.

La otitis de piscina no entiende de edades y tiene un protagonista claro: la humedad que permanece en el conducto auditivo durante demasiado tiempo.

Tal y como explica el Doctor Miguel Mayo, especialista del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital San Rafael de A Coruña: «Durante el verano aumenta claramente la incidencia de la otitis de piscina porque el conducto auditivo permanece más tiempo húmedo y eso favorece el crecimiento de microorganismos que normalmente no generan problemas».

Entender por qué ocurre, reconocer los primeros síntomas y actuar a tiempo es la mejor forma de evitar complicaciones y volver a disfrutar del verano sin molestias.

Qué es la otitis de piscina y por qué aparece con tanta frecuencia en verano

Aunque popularmente hablamos de otitis de piscina, el nombre médico de este problema es otitis externa aguda. Se trata de una inflamación o infección del conducto auditivo externo, es decir, el pequeño canal que comunica el pabellón auricular con el tímpano.

En condiciones normales, el oído cuenta con un sistema de protección muy eficaz. La piel que recubre el conducto auditivo y el cerumen actúan como una barrera natural frente a bacterias y hongos. El problema aparece cuando esa protección se altera.

Y ahí es donde el verano juega un papel decisivo.

El agua retenida dentro del oído mantiene la piel húmeda durante horas. Esa humedad modifica el equilibrio natural del conducto auditivo y facilita la proliferación de microorganismos. Además, el calor propio de esta época del año crea el ambiente perfecto para que bacterias como Pseudomonas aeruginosa o Staphylococcus aureus encuentren condiciones ideales para multiplicarse. Pero el agua no es el único factor.

Muchas personas intentan secarse el oído utilizando bastoncillos de algodón. La intención es buena, pero el resultado suele ser el contrario. Los bastoncillos pueden producir pequeñas lesiones en la piel o empujar el cerumen hacia el interior, eliminando precisamente esa barrera protectora que el oído necesita.

El Doctor Miguel Mayo insiste en este aspecto: «El conducto auditivo tiene mecanismos propios para protegerse. Manipularlo con bastoncillos u otros objetos favorece pequeñas heridas que aumentan el riesgo de desarrollar una otitis de piscina».

Por eso no basta con salir del agua. También es importante cuidar cómo tratamos nuestros oídos después del baño.

Cómo reconocer los síntomas antes de que el dolor vaya a más

Una de las características más llamativas de la otitis de piscina es que suele comenzar de forma muy discreta. Al principio aparece una ligera molestia. Una sensación parecida a tener agua atrapada dentro del oído. Algunas personas describen incluso un pequeño picor que apenas llama la atención.

Sin embargo, en pocas horas la situación puede cambiar bastante.

El dolor aumenta progresivamente y aparece uno de los signos más característicos de esta infección: la molestia al tocar la oreja. Algo tan sencillo como apoyar la cabeza sobre la almohada o mover ligeramente el pabellón auricular puede resultar muy doloroso.

Conforme la inflamación progresa, el conducto auditivo comienza a estrecharse. Es entonces cuando muchas personas sienten que escuchan peor o tienen el oído completamente taponado.
Además, pueden aparecer otros síntomas como:

  1. Dolor intenso que aumenta al mover la oreja.
  2. Sensación de oído taponado o pérdida parcial de audición.
  3. Picor dentro del conducto auditivo.
  4. Secreción transparente o amarillenta.
  5. Inflamación visible alrededor del oído.

La verdad es que estos síntomas pueden resultar especialmente molestos durante las vacaciones. Basta pensar en un niño que lleva meses esperando ir a la playa y de repente no puede volver a bañarse. O en un adulto que ha organizado un viaje centrado en actividades acuáticas y se encuentra con un dolor que le impide incluso dormir.

«Cuanto antes se diagnostique la otitis de piscina, más sencilla suele ser su resolución -argumenta el especialista en Otorrinolaringología-. Esperar varios días antes de consultar puede favorecer que la inflamación aumente y el tratamiento resulte más prolongado». Por eso conviene no restar importancia a las primeras señales.

Cómo se trata la otitis de piscina y cuándo conviene acudir al especialista

Existe una buena noticia para quienes desarrollan una otitis de piscina: la mayoría de los casos se resuelven completamente con el tratamiento adecuado. Lo primero es confirmar el diagnóstico mediante una exploración del oído. A simple vista, el especialista puede valorar el grado de inflamación, comprobar si existe secreción y descartar otras causas de dolor ótico.

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento de la otitis suele basarse en gotas óticas con antibióticos, antiinflamatorios o una combinación de ambos, dependiendo de cada situación clínica.

Además, durante esos días es fundamental mantener el oído seco. Eso significa evitar baños en piscina o mar hasta completar la recuperación. También conviene proteger el oído durante la ducha para impedir que vuelva a entrar agua.

Vista de una joven que padece otitis de piscina

En algunos pacientes, cuando la inflamación es especialmente intensa, pueden añadirse analgésicos o tratamientos complementarios para controlar el dolor.

Las recomendaciones más habituales incluyen:

  1. Aplicar correctamente las gotas prescritas.
  2. Evitar introducir agua en el oído hasta recibir el alta.
  3. No utilizar bastoncillos ni otros objetos para limpiar el conducto auditivo.
  4. Cumplir el tratamiento durante el tiempo indicado, aunque el dolor desaparezca antes.
  5. Consultar de nuevo si los síntomas empeoran o no mejoran en pocos días.

El Doctor Miguel Mayo recuerda que «la automedicación no siempre es una buena idea. No todas las molestias del oído corresponden a una otitis de piscina y cada situación requiere un tratamiento específico».

Ese matiz resulta especialmente importante, porque utilizar gotas inadecuadas puede retrasar el diagnóstico correcto.

Cómo prevenir la otitis de piscina sin renunciar al verano

La prevención empieza mucho antes de que aparezca el dolor. Y la verdad es que pequeños gestos cotidianos pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollar una otitis de piscina.

Después de cada baño conviene secar cuidadosamente la parte externa del oído con una toalla limpia. Si queda sensación de humedad, inclinar suavemente la cabeza hacia ambos lados suele ayudar a que el agua salga por gravedad.

En personas con episodios repetidos, el especialista puede recomendar medidas preventivas específicas adaptadas a cada caso.

También es importante evitar la limpieza excesiva del oído. Muchas veces creemos que cuanto más limpio esté, mejor. Sin embargo, el cerumen cumple una función protectora esencial y eliminarlo de forma sistemática favorece precisamente el problema que queremos evitar.

Quienes practican natación de forma habitual también deben prestar atención al estado del agua de las piscinas y utilizar material adecuado cuando así lo indique el especialista.

Al final, prevenir una otitis de piscina no significa dejar de disfrutar del agua. Significa aprender a proteger el oído para que siga haciendo su trabajo sin dificultades. Porque el objetivo no es vivir pendiente de una infección. Es poder pasar un día entero en la playa o en la piscina y que el único recuerdo sea el de un buen verano.

Un dolor pequeño que merece atención para evitar problemas mayores

La otitis de piscina puede parecer un problema menor, pero quien la ha sufrido sabe perfectamente lo incapacitante que puede llegar a ser. Dormir mal, dejar de bañarse, evitar cualquier contacto con el oído o incluso sentir dolor al masticar son situaciones mucho más frecuentes de lo que parece.

La buena noticia es que hablamos de una infección que, diagnosticada a tiempo, suele responder muy bien al tratamiento y tiene un excelente pronóstico.

Además, la mayoría de los casos pueden prevenirse con medidas sencillas y con un gesto tan importante como respetar los mecanismos naturales de protección del oído.

Porque al final el verano está para disfrutarlo. Y dedicar unos minutos a cuidar nuestros oídos después de cada baño puede evitar que una jornada perfecta termine, inesperadamente, en la consulta del otorrinolaringólogo.

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