Cómo evitar los problemas derivados de la deshidratación

Sonia Cillero Rego

La diarrea, los vómitos, las fiebres altas, la sudoración y el consumo de fármacos diuréticos puede causar deshidratación

El agua es un componente fundamental del cuerpo humano, suponiendo aproximadamente el 60 % del peso corporal. Diariamente, existen variaciones en la ingesta y en las pérdidas de sal y agua, pero gracias a complejos mecanismos reguladores, en los que el riñón desempeña un papel clave, se mantiene constante dentro de unos límites estrechos.

La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde demasiada agua y no se logra mantener un balance entre las entradas y salidas del organismo. Puede ser debido a varios motivos, en general los más frecuentes en la práctica clínica son los procesos digestivos que cursan con diarrea y vómitos, la fiebre elevada, la sudoración excesiva en relación a la práctica deportiva o climas cálidos y ocasionalmente en relación al consumo de fármacos diuréticos y laxantes.

Si el agua perdida no se repone, el cuerpo puede sufrir serias consecuencias derivadas de la mala perfusión de los tejidos, es por ello importante que la población conozca la clínica de la deshidratación y no dude en consultar con su médico quien le informará de las medidas adecuadas en cada caso.

La especialista en Nefrología del Hospital San Rafael de A Coruña, Sonia Cillero, ofrece a continuación algunos consejos para evitar la deshidratación.

Algunas de las dudas más frecuentes sobre la deshidratación

Doctora, tengo un hijo de 8 años de edad que ha sufrido recientemente una gastroenteritis con diarrea y vómitos tras acudir a un campamento escolar, se recuperó en dos días, quisiera saber cuándo debo sospechar que el niño está deshidratado y consultar con el médico, gracias.

El tracto gastrointestinal maneja diariamente una gran cantidad de fluídos que son reabsorbidos en su mayoría, resultando en una pérdida diaria de solamente 100-200 ml con las deposiciones. Estas pérdidas pueden ser muy superiores en procesos como las gastroenteritis.

La Organización Mundial de la Salud define diarrea como la deposición, tres o más veces al día de heces sueltas o líquidas. En los países occidentales donde disponemos de agua potable y buenas condiciones de higiene, la principal causa de estos procesos en la infancia suelen ser los virus y el principal problema la deshidratación secundaria.

Durante un episodio de diarrea, se pierde agua y electrolitos (sodio, cloruro, potasio y bicarbonato) en las heces líquidas, los vómitos, el sudor, la orina y la respiración. Cuando estas pérdidas no se restituyen, se produce deshidratación.

La clínica de la deshidratación consiste en sed, mareo, reducción del peso (si se dispone de un peso reciente del niño es el mejor indicador de la pérdida de agua) y reducción del volumen de diuresis con orinas más oscuras.

Se debe consultar con el médico en toda diarrea que dure varios días y en un caso como el de su hijo que presentaba vómitos si en varias horas no ha podido beber, pues si no es posible una rehidratación por vía oral puede ser necesaria la vía intravenosa para reponer las pérdidas en un medio hospitalario.

Doctora , tengo 35 años de edad y me considero una persona sana. Practico deporte con frecuencia y me gustaría saber si debo seguir algún tipo de recomendación con respecto a cuánto líquido ingerir ante la práctica deportiva.

Durante muchos años el consejo que se daba a los participantes de actividades de resistencia era asegurarse de beber bastante para evitar la deshidratación, este consejo surgió inicialmente para los atletas de maratón.

Para la población general que realiza deporte de intensidad moderada, el consejo de beber “tanto como sea posible” puede conducir a una alteración hidroeletrolítica conocida como hiponatremia, en la que hay un exceso de agua. La sudoración habitual conlleva una pérdida diaria de 300-500 ml, cuando se realiza ejercicio prolongado con alta intensidad puede alcanzar varios litros. Es por ello que la frecuencia de la ingesta y la cantidad adecuada dependerán de dicha pérdida en la que también influyen factores físicos del individuo como el peso, dependientes del medio exterior como la temperatura, etc, siendo preciso individualizar las recomendaciones en cada caso en función de dichos parámetros.

Doctora, tengo 65 años de edad y mi hija me dice que debo beber más, nunca me ha gustado el agua y quisiera saber que otras opciones existen.

La ingesta diaria en un adulto recomendada en condiciones de estabilidad para mantener alejada la deshidratación es de aproximadamente 1500 ml diarios, de los cuales unos 500 ml pueden proceder de alimentos ricos en agua como frutas y verduras (compuestos en un 80-90 % de agua) y los otros 1000 ml de diversas bebidas como agua, lácteos, infusiones, etc.

Los refrescos aportan azúcares y pueden representar un aporte calórico a la dieta de un 3 %, en algunos estudios se ha asociado su consumo al conocido Síndrome Metabólico incluso en consumidores de bebidas light, por lo que en general se recomienda que su consumo sea solamente ocasional y no diario como parte del aporte hídrico.

Doctora, mi padre tiene 75 años de edad, recibe tratamiento para la hipertensión y tiene una enfermedad cardíaca severa. Su médico le ha pautado un diurético por lo cual yo le he recomendado que beba más líquidos, quisiera saber si esto es correcto.

Los diuréticos son fármacos muy utilizados en la práctica clínica en el tratamiento de la hipertensión e insuficiencia cardíaca, dos enfermedades muy frecuentes en la población de mayor edad en nuestro medio.

Su función es aumentar el volumen urinario y excretar sodio en estados en los que hay un exceso de volumen en el organismo que se puede acumular en diferentes localizaciones produciendo un efecto deletéreo (edema en los miembros inferiores o incluso en el pulmón). Por ello, en general, en estos pacientes en los que “sobra líquido” no se debe aumentar la ingesta pues entonces no conseguiríamos ningún efecto neto.

Este tipo de pacientes es muy complejo pues en ocasiones teniendo un exceso de líquido, éste puede estar “mal distribuído” y en ocasiones sí pueden precisar un aumento de la ingesta. Es por ello, que deben ser seguidos con frecuencia en la consulta, donde se comprobará la evolución de la tensión arterial, peso y edemas, con dichos datos su médico de referencia le irá diciendo como debe ser la ingesta en cada momento según al situación clínica.

Cada paciente es diferente y los consejos universales en estos casos no son válidos. No siempre beber más es lo más adecuado.