¿Cuál es la diferencia entre gripe y COVID-19?

Comunicación San Rafael

La falta de aire es una clara diferencia entre gripe y COVID-19

La pérdida de gusto u olfato y la dificultad para respirar son dos de los síntomas que ayudan a establecer la diferencia entre gripe y COVID-19

Los síntomas son similares. Las vías de transmisión son idénticas. Los grupos de riesgo son parecidos. La gripe y el COVID-19, dos de las enfermedades respiratorias contagiosas más comunes en la actualidad, presentan múltiples semejanzas. Y esto hace de su identificación un verdadero desafío. Por tanto, conocer la diferencia entre gripe y COVID-19 es crucial para descubrir a qué patología nos enfrentamos y qué recomendaciones debemos poner en práctica para tratarla.

Pero antes de nada es importante conocer su naturaleza. A nivel vírico, la principal diferencia entre gripe y COVID-19 radica en el tipo de virus que origina estas afecciones. En el caso de la gripe, la responsable es la influenza, perteneciente a la familia de los ortomixovirus. El COVID-19, por su parte, se debe a un tipo de coronavirus: el SARS-CoV-2.

Ambos evolucionan de forma constante para adaptarse a su entorno y poder sobrevivir. En consecuencia, no resulta sencillo establecer un cuadro clínico aplicable a todas las circunstancias. Aunque la mayoría de manifestaciones comparten una serie de rasgos comunes, otras varían en función del momento de aparición de la enfermedad, debido al surgimiento de nuevas cepas.

La diferencia entre gripe y COVID-19 en los síntomas

A nivel sintomático, no existe una gran diferencia entre gripe y COVID-19. Por lo general, sus manifestaciones son muy semejantes. La fiebre, la tos, los escalofríos, el cansancio, el dolor de cabeza, la congestión nasal, las molestias en la garganta, la mucosidad y el dolor muscular son algunas de las más comunes. En ocasiones, estas pueden ir acompañadas de vómitos y diarrea.

Existen dos indicios cuya presencia puede decantar la balanza a favor del COVID-19, ya que es inusual que aparezcan en cuadros gripales. Por un lado, se halla la pérdida de gusto u olfato, una de las señales más claras de la presencia del SARS-CoV-2. Por otra parte, si el paciente experimenta falta de aire o dificultad para respirar, es probable que padezca COVID-19, ya que esta patología afecta más a las vías respiratorias.

Hay personas que atraviesan estas enfermedades sin notar apenas repercusión en su vida diaria, entre las que se encuentran los asintomáticos. Y hay otras que sufren achaques más graves y corren el riesgo de ser hospitalizadas. Aquí radica otra diferencia entre gripe y COVID-19.

Los pacientes infectados por esta clase de coronavirus tienen más probabilidades de acabar en el hospital con complicaciones. Hasta cuando se trata de personas sanas que no poseen otras patologías. Algunos de sus síntomas, como la desaparición del olfato y del gusto, pueden prolongarse durante varias semanas. E incluso podría llegar a desencadenar otras enfermedades más severas, como una neumonía o problemas cardíacos.

Por el contrario, es menos frecuente que una gripe derive en una hospitalización. En la gran mayoría de los casos, con el reposo en la cama es suficiente para recuperarse. Aunque sí que hay que vigilarla de cerca, especialmente cuando afecta a grupos de riesgo como los niños, los ancianos o las embarazadas. Si la fiebre no desaparece al cabo de unos días o el paciente comienza a notar falta de aire, podrían aparecer otras complicaciones.

A pesar de la diferencia entre gripe y COVID-19, la evolución de ambos virus complica la identificación de uno u otro a través de sus síntomas. La influenza varía a lo largo de los años. Y continuamente se están realizando nuevos hallazgos acerca del SARS-CoV-2. De hecho, los síntomas de las cepas más recientes no son idénticos a los que imperaban en el 2020.

La convivencia entre el COVID-19 y la gripe

Este desarrollo constante de los virus obliga, en muchas ocasiones, a realizar una prueba específica de detección para descubrir de qué enfermedad se trata. La PCR y los test de antígenos son las dos más populares debido a su sencillez, pues basta con extraer una muestra de las fosas nasales o de saliva para obtener el resultado.

La fiabilidad de la PCR es muy elevada, pues se analiza el material genético en un laboratorio para determinar la carga viral. Los test de antígenos, por su parte, pueden adquirirse en cualquier farmacia, y así las personas descubren en pocos minutos desde su propia casa si padecen COVID-19, gripe, ambas o ninguna.

Aunque no es una situación muy frecuente, sí que existe la posibilidad de contraer las dos enfermedades de manera simultánea. La irrupción del COVID-19 durante los últimos dos años provocó que la incidencia de la gripe fuese mucho más comedida. Además, el uso intenso de las mascarillas debilitó el sistema inmunitario de las personas. Al no convivir recientemente con esta clase de virus, no se disponen de las defensas suficientes para hacerles frente.

Como consecuencia, la gripe está recuperando terreno. A día de hoy, su incidencia es muy superior con respecto a los años anteriores, que no entraba con tanta fuerza. Mientras que en el pasado el pico máximo de la gripe se producía a finales de diciembre y a principios de enero, las previsiones para este año ya sitúan los repuntes a finales de noviembre.

En respuesta a esta situación, se han desarrollado pruebas de diagnóstico que detectan la gripe y el COVID-19 de manera conjunta, pues las dos enfermedades ya se mezclan entre sí, de forma paralela o consecutiva.

En ocasiones es necesario realizar una prueba de detección para hallar la diferencia entre gripe y COVID-19

El contagio de la gripe y el COVID-19

Si en el apartado sintomático las distinciones son más bien escasas, tampoco hay mucha diferencia entre gripe y COVID-19 a nivel de contagios. Los dos virus se extienden con gran facilidad entre la población, aunque la propagación del COVID-19 es algo más rápida.

Esto se debe principalmente a dos razones: sus síntomas tardan más en manifestarse, y el período durante el cual un sujeto es contagioso es más extenso que el de la gripe.

Los síntomas de la gripe suelen aparecer en un tiempo inferior a cuatro días desde el momento de la infección. Y los afectados pueden propagarla desde el día anterior a esta aparición. El COVID-19, por lo general, tarda entre dos y cinco días en presentar manifestaciones, aunque depende de la cepa. En algunos casos no se produjeron síntomas hasta 14 días después del contagio. Y los infectados pueden contagiar incluso tres días antes de sentir cualquier molestia.

Asimismo, mientras que la gripe puede ser contagiosa hasta el cuarto día de enfermedad, el COVID-19 puede transmitirse incluso hasta pasada una semana desde el inicio de los síntomas. Además, el SARS-CoV-2 crea superpropagadores: pacientes que contagian a un número muy elevado de personas y son claves en la expansión del virus.

El contagio de ambas patologías se debe al contacto cercano entre las personas. La influenza se encuentra presente en las gotículas, pequeñas partículas de saliva expulsadas al hablar, en la tos o en los estornudos. Estas penetran en las vías respiratorias de las personas cercanas, o se posan en superficies que luego son tocadas. Por este motivo, es muy conveniente lavarse las manos antes de llevarlas a la boca, la nariz o los ojos.

Los coronavirus, por su parte, se transmiten mediante los aerosoles, partículas de menor tamaño que permanecen en suspensión en el ambiente durante períodos de tiempo más extensos. En espacios cerrados sin ventilación, los aerosoles pueden estar flotando incluso alrededor de 20 minutos. La contagiosidad es, por tanto, más elevada, pues no requiere de un contacto tan directo como la gripe. Aunque hayan transcurrido algunos minutos entre el paso de dos personas por el mismo sitio, el COVID-19 todavía podría transmitirse de una a otra.

La diferencia entre gripe y COVID-19 en el tratamiento y la prevención

Las similitudes entre ambas enfermedades provocan que las recomendaciones a seguir sean similares. Independientemente de que el causante del malestar sea la gripe o el COVID-19, lo primero que debe hacer el paciente es restringir el contacto con el resto de personas todo lo posible. Esto evitará un aumento en el número de contagios y frenará la propagación del virus. En el caso del COVID-19, es vital comunicárselo a las autoridades sanitarias y respetar las indicaciones que proporcionen.

El tratamiento de los dos virus es sintomático, es decir, los medicamentos están orientados a aliviar las molestias. Si la fiebre y el dolor son muy intensos, es recomendable consumir analgésicos o antitérmicos. Los antitusivos, descongestionantes y expectorantes resultan de gran utilidad para combatir la mucosidad y el resto de síntomas catarrales. El reposo en cama también es muy conveniente, para ayudar al cuerpo a recuperar fuerzas y así disminuir la fatiga y el cansancio.

Cabe destacar que recientemente se han fabricado dos medicamentos para luchar contra los casos graves de COVID-19: el remdesivir y el paxlovid. No obstante, su uso no está muy extendido, y deben ser recetados por un médico.

Tampoco hay diferencia entre gripe y COVID-19 a la hora de prevenirse contra ellas y mermar las posibilidades de contagio. Evitar las aglomeraciones, lavarse las manos con frecuencia, usar una mascarilla y mantener la distancia de seguridad en espacios cerrados mal ventilados… Todas las medidas que se puedan poner en práctica ayudarán a mantener alejados a los virus.

La vacunación también es un arma muy eficaz en estas situaciones, especialmente cuando se trata de grupos de riesgo. Este es un mecanismo de prevención para que, si aparece la enfermedad, no impacte con tanta fuerza en el paciente. Debido a la evolución natural de la influenza y el coronavirus, se aplican dosis de refuerzo cada cierto tiempo para asegurar su validez.

Conocer la diferencia entre gripe y COVID-19 es fundamental, sobre todo en el inicio de la temporada invernal, cuando ambas sufren repuntes. Aunque en la mayoría de los casos no es necesario acudir al hospital, si el estado del enfermo se deteriora gravemente es indispensable consultar a profesionales médicos, que realizarán un diagnóstico y determinarán el tratamiento más oportuno. Y en el Hospital San Rafael nos ponemos a disposición de todos aquellos pacientes que nos puedan necesitar.